Rafael Radi, científico del área de la biomedicina y la bioquímica, tiene una vasta trayectoria como investigador, tanto aquí como en otras partes del planeta. Es presidente de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay (Anciu), miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y de la Academia Nacional de Medicina, integrante del Sistema Nacional de Investigadores y autor de decenas de artículos científicos. Así como un boxeador campeón se juega el título cada vez que sube al cuadrilátero, hoy todos esos méritos quedan en suspenso: en sus manos tiene la titánica tarea de formar parte del equipo de científicos que pensarán la mejor forma de atravesar esta pandemia.

Cuando desde el gobierno de Luis Lacalle Pou se lo llamó para que asesorara al Ejecutivo desde la ciencia en el retorno a “la nueva normalidad”, Radi aceptó, pero elaboró un documento con cuatro conceptos que estructurarían la tarea encomendada: progresividad, regulación, monitorización y base en la evidencia. No quiere dar muchas notas a la prensa y no porque sea de los investigadores que no se sienten cómodos en ese rol, sino porque quiere concentrarse en el desafío que tiene por delante. Sabe además que del trabajo del equipo no sólo depende la salud de la población y qué tan severas y prolongadas sean las consecuencias de esta pandemia, sino que además entiende que es una oportunidad de mostrar el valor que tiene para un país poder confiar en sus académicos y científicos.

Si bien se ha designado a este grupo de expertos, en el que estás junto con Henry Cohen y Fernando Paganini, eso no implica que entre los tres agoten las aristas científicas del tema, y uno da por descontado que van a trabajar con otros referentes de otras áreas, ¿es así?

Exactamente. De hecho, desde el área de la salud, que lidera Cohen, y desde el área de datos y modelos, que lidera Paganini, ya hemos convocado a otros grupos. Hoy [por el jueves] salieron todas las invitaciones y ya recibimos el ok de la mayoría. Son como 20 especialistas en distintas áreas de la salud, que van desde la pediatría y la ginecología hasta el intensivismo y la salud mental. Hemos cubierto todo, pero si se necesita agregar a más personas por un tema disciplinar que nos está faltando o por algún elemento que surja de áreas de conocimiento que no hemos considerado, se integrará. Ahora tenemos un equipo de gente que abarca a virólogos, infectólogos, epidemiólogos e inmunólogos, que cubrirían aspectos biomédicos básicos. Dentro de ese equipo va a haber un grupo relacionado con la atención primaria y la medicina en el territorio, que abarca la gineco-obstreticia, la neonatología, la pediatría, la medicina familiar, la medicina preventiva y social hasta la geriatría y la nutrición. Después hay otro grupo integrado por especialistas, en el que va a haber internistas y cardiólogos, y después hay un equipo que va a tratar temas más bien de medicina intensiva y relacionados. Eso es una primera aproximación, todavía no nos hemos reunido porque las invitaciones salieron hoy. Nosotros no teníamos ni nombre del grupo ni membrete. Cuando empezamos a enviar las cartas e invitaciones para todos esos grupos, con Henry nos dijimos que tendríamos que tener esas cosas. Tuvimos que pedir un permiso, ver qué logo iba, qué membrete iba, el nombre del grupo, el texto de las cartas, a quién invitábamos.

¿Entonces el grupo ya tiene nombre?

Se llama Grupo Asesor Científico Honorario, el GACH. Funciona con un logo de Presidencia, porque Presidencia es quien nos está dando el apoyo técnico administrativo para coordinar las invitaciones, las videoconferencias y otras tareas necesarias. La persona que se nos asignó, Silvana Ravía, es la coordinadora técnica de la Secretaria Nacional de Ciencia y Tecnología. También estamos muy en contacto con el área de comunicación de Presidencia, con Roberto Lafluf y Aparicio Ponce de León.

Hablaste del tema de la medicina, ¿cómo se forma el equipo de datos, análisis y modelos?

En el área de ciencias de datos y modelos, que lidera Paganini, esta misma tarde estábamos refinando la lista de referentes. Con los grupos de datos hemos tenido reuniones, pero aún no los invitamos formalmente a participar porque son muchos. Con la distinta gente que está trabajando en modelos ya tuvimos hace unos días una reunión muy buena, en la que estaba el grupo de la Universidad de la República (Udelar), el grupo de la ORT, el de la Anciu, la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y el Conocimiento (AGESIC), y gente de la parte de datos del Ministerio de Salud Pública. Si bien con ellos ya empezamos a trabajar, todavía no los nombramos formalmente porque, como son muchos, estamos tratando de ver cuáles son los referentes. Va a haber gente que genera modelos desde el punto de vista académico, insumos de datos que van a provenir de Salud Pública, y datos que tienen que ver más con lo que maneja AGESIC, como datos de movilidad, tráfico, geolocalización. Vamos a agregar una capa de datos aeroespaciales, que yo no sabí­a que existí­an pero existen, y Uruguay tiene una unidad de datos aeroespaciales que mira todo el territorio. Nosotros en la Anciu acabamos de tener una reunión de modelos y estamos avanzando. Ese grupo ad hoc de la Anciu, en el que están Ernesto Mordecki, Ricardo Fraiman, Enrique Cabaña, Eduardo Mizraji, Fernando Paganini, Rodolfo Gambini y yo, junto con Enrique Barrios, de la Academia Nacional de Medicina, está funcionando desde hace tiempo, desde antes de que nos convocaran, entonces también tení­amos un avance en modelos. O sea que el jueves quedó definido el equipo de salud que lidera Cohen, y el viernes, el de datos y modelos que lidera Paganini. Pero cuando digo “definido” es entre comillas, porque si se necesitan nuevas personas y nuevos perfiles, los vamos a integrar. Lo que digo que es que la gente se quede tranquila, que los equipos que estamos armando son sólidos, pero además hay una porosidad, en el sentido de que si se necesitan más referentes u otras disciplinas, los vamos a convocar. Todos los grupos precisan estructuras abiertas, y la idea es que todos se sientan muy cómodos.

Queda claro entonces que entre Radi, Cohen y Paganini no se agota toda la ciencia posible para asesorar al gobierno. En ese sentido, que seas el presidente de la Anciu te coloca en un buen lugar para detectar dónde están las expertas y expertos para consultar.

Lo que estamos tratando de hacer, con liderazgo y con mucho pienso, es generar los mejores equipos de reflexión y pensamiento. Yo bromeaba que son como nuestras task forces, que son los referentes en todas sus disciplinas. Entonces, de pediatrí­a van a hablar los pediatras. Nosotros podremos hacer algunas preguntas cientí­ficas. Y eso también hay que destacarlo: la gente que estamos incorporando en los distintos equipos son personas con fuerte formación cientí­fica. La primera reunión del grupo de salud la vamos a tener el martes. Son unos 20 colegas.

¿Más allá de su competencia científica y profesional se les exige algo más?

Hay sólo dos “exigencias”, entre comillas. Calidad cientí­fica sobresaliente y camaraderí­a. No tenemos espacio para disruptivos, entonces elegimos gente que sea sólida desde el punto vista cientí­fico y con la que se pueda trabajar, porque los tiempos que tenemos son cortos, no podemos tomarnos diez meses. Esto hay que resolverlo muy rápido, hay que ir generando insumos semanalmente.

“La idea es poder reportarle semanalmente al gobierno una serie de sugerencias y consideraciones. Pensamos en tres, cuatro o cinco recomendaciones basadas en evidencia, basadas en referencias y muy en contacto con la experiencia internacional”.

¿A qué apuntan con estos equipos de trabajo?

Este es un primer esquema de trabajo y la idea es tener, en principio, un avance semanal en cada una de las áreas que, a su vez, nos permita reportarle semanalmente al gobierno una serie de sugerencias y consideraciones. Pensamos en tres, cuatro o cinco recomendaciones por semana basadas en evidencia, basadas en referencias y muy en contacto con la experiencia internacional. Como nosotros llegamos “tarde” a esto, como nos cayó este convidado de piedra después que en Asia y después que en Europa, aprovechamos toda la información cientí­fica que se está generando para ver cómo podemos optimizar la salida de la cuarentena. Eso nos permite tener cierta referencia comparativa, porque hay paí­ses que han hecho determinadas cosas con las escuelas mientras que otros han hecho otras; en algunos casos las cuarentenas fueron más profundas y en otros menos; en algunos países los espacios públicos fueron muy restringidos, como en Uruguay, mientras que en otros lugares, como en Alemania y Dinamarca, los espacios públicos fueron más usados en el contexto de la pandemia, obviamente manteniendo el distanciamiento fí­sico, porque a su vez hay una cantidad de elementos de distorsión de la salud que ocurren en este marco.

“Mi ilusión es que en tres meses el proceso global ya esté más o menos ordenado y que la salida, como proceso de transición, esté más o menos en curso”.

Obviamente este camino hacia la “nueva normalidad” va a llevar un tiempo.

Mi ilusión es que en tres meses el proceso global ya esté más o menos ordenado y que la salida, como proceso de transición, esté más o menos en curso, no terminada sino en curso, pero ya con todas las riendas más o menos atadas sobre cómo se pasa de fase. Porque todo se va a dar de forma progresiva, van a ser por lo menos tres fases. La fase 0 es la que se terminó. Ahora estamos entrando en una fase 1, que es una especie de aflojamiento que empieza por sectores, y después va a haber una fase 2 y luego una fase 3. Cuando lleguemos a la fase 3, recién entonces estaría llegando la nueva normalidad. Pero capaz que estamos a seis u ocho meses de eso, no lo sabemos. Y no sabemos cuánto llevará esto, cuánto llevará cada fase, porque, por ejemplo, todaví­a no tenemos ningún dato de cómo nos está yendo en esta primera apertura muy parcial, que todavía no cumplió 15 días.

“Todo se va a dar de forma progresiva, van a ser por lo menos tres fases. La fase 0 es la que terminó. Ahora estamos entrando en una fase 1, una especie de aflojamiento por sectores, y después va a haber una fase 2 y luego una fase 3. Cuando lleguemos a la fase 3, recién entonces estaría llegando la nueva normalidad. Pero capaz que estamos a seis u ocho meses de eso, no lo sabemos”.

Y que hay que aclarar que no fue una apertura aconsejada por ustedes...

No, en esa primera etapa en la que se decidió abrir la concurrencia a las escuelas rurales y la actividad en la construcción, el grupo no estaba armado, por lo tanto nosotros no opinamos al respecto. Pero ahora que está instalada la situación, hay que monitorizar cómo le fue a esta apertura, y recién después de eso pensar en abrir nuevas etapas. Hay una presión social por empezar a trabajar y hacer cosas, porque hay muchos colectivos que están desesperados, con razón, y quieren empezar a laburar. Por ejemplo, a pesar de que no es mi ámbito, me ha escrito gente de áreas que van desde el deporte hasta los cines para ver cuándo podrían abrir. Nosotros sobre eso no vamos a opinar; lo que nosotros vamos a decir es que para ir transitando las fases tiene que darse eso que decía, un proceso progresivo, regulado, monitorizado y basado en evidencia. Para seguir abriendo la canilla, vos tenés que ir monitorizando y midiendo, tanto a nivel de infecciones como a nivel de hacinamiento, y asegurarte de que cuando vas a dar un próximo paso no te estás poniendo la espada de Damocles y empujando un aumento de la velocidad de la infección.

“Hoy a nivel comunitario prácticamente no estamos haciendo ningún testeo, ya que los test hoy van dirigidos al caso sospechoso y a su red de contactos. Estamos proponiendo para las próximas semanas ampliar los test a colectivos que se han incorporado al trabajo, por ejemplo, los de la construcción”.

La idea es que ustedes asesoren cientí­ficamente al gobierno en este camino hacia “la nueva normalidad”. Pero la ciencia se basa en evidencia y la evidencia se basa en datos, y uno de los problemas que tenemos con este tema es el desfasaje que hay entre los datos que podés obtener y el estadio real de la enfermedad. Por ejemplo, cuando detectás que está aumentando la ocupación de las camas de CTI, y ojalá no nos pase, estás viendo algo que comenzó hace unos 14 dí­as. Con el tiempo que llevan los análisis y modelados, sumado al período de incubación de la enfermedad, hay un riesgo de que la evidencia esté un poco desfasada.

Sí, tenés un delay como de dos semanas. Ese es el gran problema a resolver, y lo que todo el mundo está tratando de buscar es cómo tu modelo puede anticiparse a esa inercia de 15-20 dí­as. Ahí hay una dificultad, sin duda, por lo tanto tenés que ser muy conservador en las estimaciones, sabiendo que la situación puede ser peor de lo que vos estás midiendo, porque hay una parte de la realidad que no estás viendo, porque hay fenómenos que se están incubando, porque hay muchos asintomáticos y porque no tenemos los suficientes test. Por ejemplo, hoy a nivel comunitario prácticamente no estamos haciendo ningún testeo, ya que los test ahora van dirigidos al caso sospechoso y a su red de contactos. Estamos proponiendo para las próximas semanas ampliar los test a colectivos que se han incorporado al trabajo, por ejemplo, en la construcción. Otros set de test se van a dirigir seguramente a las casas de salud. Y tenemos información de que ya hay algunos test que se están empezando a dirigir a las escuelas rurales. A medida que eso vaya ocurriendo nos va a ir dando una idea de cómo viene la apertura, si la apertura se acompaña de un aumento preocupante de la contagiosidad o si no. Si se mantienen las medidas de distanciamiento social o físico sostenido, y se mantienen normas de higiene muy intensas, tenemos muchas mayores chances de éxito y de que no haya que apretar el freno.

“Se va a hacer un monitoreo no sólo de movilidad y tráfico, sino también de densidad de personas en distintas partes Montevideo”.

Sobre estos gaps que se generan por la inercia que hay entre la infección y la llegada de ese porcentaje chiquito al CTI, hay algunos proxies que la literatura internacional nos plantea que se pueden usar. Tienen que ver con el tráfico, con la movilidad y con la generación de hacinamiento en zonas de la ciudad. Por eso se va a hacer un monitoreo no sólo de movilidad y tráfico, sino también de densidad de personas en distintas partes de Montevideo. Eventualmente esto genera alertas, y vos podrí­as tener formas de comunicar a la población que, por ejemplo, en este momento en la playa Ramí­rez hay demasiada gente, así que los invitás a que vayan a Punta Gorda o caminen por su barrio, porque hay suficiente gente ahora y si van a ese lugar se va a generar un problema de hacinamiento. Eso tiene que ir conectado, además, con algo que ya le hemos planteado el gobierno, y que es un asunto del gobierno: la gestión de los espacios públicos.

¿Cómo es esa gestión del espacio público?

Esto es algo que queremos hacer y vamos a ver si es posible. Por un lado, tener datos que permitan avisarle a la gente en tiempo real cómo estamos, que no sea decir qué cantidad de gente hay en la rambla a partir de dos fotos de lugares donde había hacinamiento. Queremos tener una mirada mucho más cientí­fica y de datos, en comunicación con la sociedad, y pasar el mensaje de que hay que saber compartir el espacio público. Y, además, con el concepto del tiempo de exposición: saber en qué situación estamos a medida que se activen las actividades al aire libre, y saber que en aquellas zonas que empiezan a tener cierto uso, hay que tener tiempos cortos de uso. Porque la infectividad tiene que ver con la carga viral y con el tiempo de exposición. Si vas a un lugar donde hay mucha gente, a medida que pasa el tiempo las chances de infectarte son más. Entonces habrí­a que empezar a pensar en un esquema de utilización de los espacios públicos teniendo en cuenta el distanciamiento físico. Y si es un espacio público que se usa mucho, instar a la gente a que no vaya mucho tiempo, o que si llegás y ves que hay mucha gente, vayas para otro lado. En este aspecto, obviamente, la ciudadaní­a tiene que ser parte de la solución.

Cuando hablabas de los cuatro pilares, uno era el monitoreo, y veo que no te referías sólo a los testeos y a la información más sanitaria.

Exacto. Cuando te hablaba de estos proxies, es interesante ver cómo se relacionan con ese delay. Por ejemplo, yo puedo tener hoy la foto de lo que pasó en tráfico, movilidad y hacinamiento. Dentro de una semana voy a saber cuántos nuevos infectados hubo, personas que se infectaron hoy pero que recién voy a poder verlo en una semana. Entonces uno puede analizar si hay alguna relación entre el aumento del tráfico, la movilidad y la densidad con el aumento de las infecciones en Uruguay, Montevideo o en un barrio de Montevideo. Esas correlaciones las vamos a ir haciendo. Si aumenta el tráfico, la movilidad y la densidad y no se dispara el número de infecciones, quiere decir que la apertura se va dando de una forma en la cual las medidas de distanciamiento social, fí­sico y la higiene están bien, y por lo tanto no hay un impacto directo por el aumento de la cantidad de gente reincorporada en la infectividad, lo cual ocurrirí­a si no tomás medidas. Si tuviéramos un funcionamiento social como el de antes de que empezara la emergencia, el famoso R, que es el número de personas a las que puede infectar aquella que tiene covid-19, es de entre 2,5 y 3. Eso hay que tenerlo planchado en 1 o menos de 1. Entonces, si vas aumentando la movilidad, el tráfico y la densidad de gente, eso se mide y, con el delay que vas a tener –con infectados que recién vas a poder medir en 14 días–, podés ir correlacionando y ver si esto es proporcional. Si se va generando un R cada vez más alto, vamos mal. Si ves que no hay una correlación directa, eso te estarí­a indicando que las actividades aumentan manteniendo las normas que impiden que crezca la propagación de la infección. Entonces, vas mejor. Eso va a estar todo metido en modelos que se están construyendo. A la capa de información de Salud Pública le vamos a agregar esa otra capa de datos. Allí dialogan el área de la medicina y la salud con el área de datos. Ahí tiene que haber un canal muy abierto con el Ministerio de Salud Pública, y en todos los casos los datos tienen que ser manejados preservando toda la normativa existente, lo cual les agrega, además, una complejidad desde el punto de vista legal. Por eso es interesante destacar que también incorporamos gente del área de los derechos humanos y derechos en general. Porque hay un tema de preservación de la privacidad y confidencialidad en el manejo de los datos.

Toda esta idea de achatar la curva implica que la cantidad de gente que se enferma con el distanciamiento y otras medidas es prácticamente la misma que la que se enfermería si no se tomara ninguna medida, sólo que se distribuye en un tiempo mayor y, por tanto, no se saturan los sistemas de salud. Pero lo que esto dice es que, indefectiblemente, muchos nos vamos a enfermar, o mejor dicho, que muchos nos tenemos que enfermar para que la curva baje del todo.

Ese es el modelo teórico puro y duro, que dice que el área abajo de ambas curvas sería la misma. Pero eso no necesariamente pasa así en la vida real.

Rafael Radi.
Rafael Radi.

A lo que voy es que si tenés más de 30.000 trabajadores del SUNCA en la calle, es ilógico pensar que un porcentaje de esa gente, en una comunidad donde circula el virus, no se va a contagiar. Hay quien puede pensar que si esto se hace de forma progresiva nadie se va a enfermar...

No, claro, en la medida en que haya virus en la vuelta y personas que interaccionan, algunos contagios va a haber. Puede ocurrir a una velocidad lenta si se mantienen las normas, y tampoco tenemos del todo claro algunos fenómenos de inmunidad adquirida previa, que podrí­an hacer que no todos sean igualmente susceptibles al virus. Esa es una variable que está muy poco discutida y que yo te introduzco de forma medio oblicua. Por ejemplo, hay investigaciones que indican que los paí­ses que han sido vacunados con la BCG obligatoria tienen un nivel de protección. Eso salió publicado en un comentario en Science y hay varios grupos en el mundo. Incluso entiendo que hay un ensayo que se está planificando en Uruguay acerca del rol de la vacuna BCG en mejorar la inmunidad ante el virus. Eso es algo que puede pasar.

¡Pero si en nuestro país el coronavirus se contuvo por la vacunación obligatoria de la BCG, todas las medidas adoptadas por el gobierno quedarían desacreditadas, y el distanciamiento social y todos los sacrificios que practicamos fueron innecesarios!

[Ríe]: En realidad la protección que se plantea por la vacuna BCG no es una protección total. Los datos que hay plantean una protección del orden de 30%, y no está claro si es 30% de severidad o 30% de los casos. Se plantea que estos individuos tienen una mejor respuesta inmune, con lo cual eventualmente habría menos enfermos graves y menos enfermos sintomáticos, pero no se plantea que la vacuna sea una protección total. Por otro lado, no sabemos cuál es la posibilidad de que algo de la inmunidad adquirida contra otros coronavirus –en nuestro país tenemos al menos dos coronavirus que nos infectan durante el invierno– juegue algún nivel de protección contra este nuevo coronavirus. No está definido aún.

Hay una revisión sobre la respuesta inmunológica que salió en el sitio medRxive, que no está revisada por pares, pero dice que aparentemente esos otros coronavirus no nos darían una protección cruzada para el SARS-CoV-2 ni para el SARS-CoV-1, aunque estos últimos sí podrían tener un efecto sobre los otros coronavirus. Pero son revisiones y no hay nada definitivo.

Sí, ahí hay un escenario en el que no sabemos bien para qué lado se da esa protección cruzada. Lo que sí es verdad, y por lo menos hay que alertar a la población, es que el virus va a seguir circulando, y así­ como hoy hay gente que se está infectando, a medida que haya más gente en la calle, el escenario más probable es que haya nuevas infecciones. El gran tema es que no haya una una gran ola de infección, porque eso nos pondrí­a en una situación muy complicada desde el punto de vista sanitario.

Hay un trabajo, también publicado en Science, que decía que probablemente haya que mantener ciertos aislamientos intermitentes hasta 2022, y señalaban que el indicador clave para relajar o endurecer el aislamiento es la ocupación de las camas de cuidados intensivos.

Sí, a fin de cuentas el techo que tenemos es ese. Porque si tenemos enfermos graves y vos no les podés ofrecer la mejor asistencia, al final del día vas a tener que decidir a quién le das la mejor asistencia entre dos pacientes. Si tenés dos personas graves y un solo respirador, tenés que tomar decisiones horribles. Creo que tenemos que transmitirle a la población la tranquilidad de que el área del intensivo uruguaya es una de las mejores y más destacadas especialidades del país, que los médicos intensivistas están informados con la mejor literatura y estado del arte, y que hay centros de intensivismo que trabajan con estándares internacionales, incluyendo lo que se armó en el Hospital Español, cuyo director, Javier Hurtado, es un intensivista excelso. En ese sentido Uruguay se ha preparado, ya está preparado y se sigue preparando. Creo que uno de los grandes méritos de estos 45 o 50 dí­as que pasaron es que han dado tiempo para que podamos estar mejor arropados para bancar. Ahora, también es verdad que se nos viene el invierno, y eso es un problema.

El invierno trae otros virus que pueden enmascarar los síntomas del coronavirus, y hay un aumento de ocupación de camas por neumonías, influenza y otras enfermedades.

Sí, por un lado hay una parte buena de que el coronavirus haya venido tarde, que es que nos permitió entender mejor qué hacer, se tomaron medidas restrictivas rápidamente, se impidió la propagación, nos dio un buffer de 45 o 60 dí­as para arroparse; pero, por otro lado, se nos viene el segundo tiempo, y tenemos una parte de ese tiempo con el viento en contra que implica el invierno. La primera parte del problema fue un poco más benévola, porque estábamos en una estación donde el hacinamiento en los domicilios es menor, el clima es más benevolente, hay mayor recambio de aire en las casas, la gente está menos horas adentro. Pero cuando viene el invierno, tenés casas chicas, gente hacinada, con frí­o, y aumenta la circulación de virus respiratorios, tenés un escenario que no está bueno para el coronavirus, porque, justamente, la gran forma de propagación es el contacto interhumano cercano.

Volviendo a Uruguay, y sin poder excluir por ahora la incidencia de la BCG, la covid-19 parece no haber causado el daño que causó en otras partes.

Es verdad que el caso de Uruguay es llamativo. Todos los que hemos seguido las curvas observamos que es notoriamente baja la contagiosidad. Esa baja contagiosidad uno se la puede atribuir, a priori, a un comportamiento muy bueno de la ciudadaní­a. Esa es una posible explicación, pero creo que el partido en ese sentido no está cerrado, y puede haber otros factores que también estén contribuyendo a esto. De todas formas, hay que ir al esquema más conservador y pensar siempre en el peor escenario. Lo mejor es pensar que el contagio puede recrudecer y que no estamos protegidos, excepto que mantengamos las medidas de distanciamiento fí­sico sostenido y las normas de higiene, que son fundamentales por la persistencia de virus en superficies. Esto, entre otras cosas, va a hacer que, por ejemplo, todo el tema de los baños públicos tenga que cambiar en forma dramática. Entre las cosas buenas que este proceso nos está dejando es que creo que algunos hábitos y conductas se van a cambiar para bien, como la desinfección y la circulación del aire en los ómnibus, etcétera.

“Da tranquilidad saber que el gobierno va a escuchar a los científicos”.

No voy a decir que como científico ya lo has logrado todo –todavía el Nobel te es esquivo–, pero sos miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, presidente de la nuestra, miembro de la Academia Nacional de Medicina, te has caracterizado por la excelencia, sos un referente en la comunidad científica, y si bien siempre has defendido que los académicos tienen que incidir en la gestión, ¿qué se siente, como científico, asumir un compromiso inmenso como este?

En primer lugar, cuando conversé con el gobierno y generé una propuesta, planteé un conjunto de seis elementos que debí­an ser considerados antes de asumir la tarea. Uno de ellos era la reunión con el presidente de la República, otro era que el presidente le solicitara formalmente a la Udelar mi participación, cosa que ocurrió en términos hermosos, tanto por la carta que mandó el presidente al rector como por la contestación que le dio el rector al presidente. Como ya dije, parte de la misión tanto de la Udelar como de la Anciu es obviamente asesorar al gobierno y a los poderes del Estado para el bien del paí­s. Entonces, si bien eso es algo natural, yo lo quise formalizar, porque para mí­ era central que se entendiera que yo esto lo hací­a desde el ámbito académico y que el único interés mí­o es colaborar, en la medida que pueda, desde la ciencia y con el respaldo de mi institución. Porque yo soy un ser humano como cualquier otro, no estoy tan loco como para pensar que soy Superman. Los respaldos, los apoyos, cada palabra cuentan. Mucha gente me ha dicho que esto da tranquilidad, y no es por mí, no es por Radi: da tranquilidad saber que el gobierno va a escuchar a los cientí­ficos. Después decidirá lo que quiera, pero por lo menos es una capa más de control. Lo que estamos viviendo en la interna de la comisión es que se siente realmente como un apoyo y es un mejoramiento de la calidad de las decisiones. Otro de los elementos que planteé fue que yo iba a mantener todas mis actividades académicas y mi privacidad. Quiero proteger esa parte, porque es como mi nombre y apellido, es lo que soy. Si dejo de hacer eso, ya no soy más yo, y entonces ya no tiene sentido que esté en la comisión. Entonces asumí­ este desafío como una cosa transitoria para potenciar lo que la ciencia nacional puede hacer al servicio del paí­s. Creo que además es una gran oportunidad para el paí­s y también es una gran oportunidad para el sistema cientí­fico, que muchas veces estuvo en la lupa en cuanto a para qué formamos cientí­ficos, para qué sirve la ciencia. La realidad brutalmente nos cachetea y nos dice que es fundamental tener un sistema cientí­fico, entre otras cosas, para poder responder en condiciones de emergencia. Por ejemplo, lo que hizo el consorcio Udelar-Institut Pasteur en la generación de los test, porque el mundo no te manda nada ya que el mundo lo está usando.

“Asumí este desafío como una cosa transitoria para potenciar lo que la ciencia nacional puede hacer al servicio del país”.

Entonces, sí, es una enorme responsabilidad, y estoy de alguna forma arropándome también con todas las colaboraciones y con ese equipo de trabajo que se está armando. En esta etapa, el saber y el cultivo del saber es algo que en lo personal trato de desarrollar dí­a a dí­a con el estudio. Los dos elementos que debo tener ahora son firmeza y foco. Firmeza para mantenerme en el camino de la ciencia, ser firme en poder dar los mensajes que se deben dar, y de ninguna manera moverme del camino de lo académico y lo cientí­fico. Y foco porque te tiran de todos lados, porque hay muchas necesidades y porque hay múltiples actores y mucha gente que nos escribe. Mucha gente incluso con muy buenas ideas, entonces tenés una cantidad de elementos que te pueden distraer y tenés que ver hasta qué punto les das bolilla y hasta qué punto mantenés el foco.

Tiene una parte de desafí­o personal que es interesante, y tiene una parte de desafí­o al sistema cientí­fico que es interesante, y lo que espero es que en un plazo de algunos meses los canales de asesoramiento queden funcionando como para que empiece a haber un retiro mío progresivo y volver a lo que yo hago, y que el asesoramiento sea cada vez menos necesario o más esporádico. Ojalá que todo esto contribuya a que en seis meses estemos en una situación mucho más cómoda, y en ese caso creo que vamos a poder estar todos más felices. Si eso se da va a ser un ganar-ganar para todos, va a ser un ganar-ganar para el país, va a ser un ganar-ganar para la comunidad cientí­fica. El paí­s está desafiado, y creo que nos jugamos una buena parte de nuestro futuro, por lo menos los próximos años, dependiendo de cómo salgamos de esto. Ya sabemos que la crisis va a tener consecuencias; hay que tratar de que sean las menos posibles y tratar de salir lo antes posible para retomar un proceso de desarrollo. Mientras, sabemos que nos toca un trago amargo que tenemos que pasar con la mayor consistencia, cometiendo el menor número de errores, y en eso el aporte de la ciencia ayuda a tomar decisiones con una menor posibilidad de error. Esto no implica que la ciencia puede resolver todo, ni tampoco que las decisiones que se tengan que tomar a nivel gubernamental sigan al pie de la letra lo que la ciencia recomienda, porque la verdad es que las decisiones políticas tienen otros planos.

“La realidad brutalmente nos cachetea y nos dice que es fundamental tener un sistema científico, entre cosas, para poder responder en condiciones de emergencia”.

Por otro lado, la ciencia no trabaja habitualmente con esta urgencia. La ciencia y la impaciencia no se llevan muy bien.

La velocidad de la ciencia y la velocidad de las decisiones polí­ticas no son las mismas. Hoy la participación de los cientí­ficos en esto tiene un nivel de tensión para la ciencia, porque se nos está exigiendo ir a una velocidad que no es la normal. Hagan los test rápido, desarrollen los modelos rápido. Nosotros mismos nos estamos reciclando a una velocidad que no es nuestra velocidad normal. Los cientí­ficos normalmente vamos a 45 o 60 kilómetros por hora, no vamos 120. Podrá haber algún loquito o algún tipo muy competitivo en un grupo muy competitivo que lo haga, pero la mayorí­a de los cientí­ficos serios vamos a la velocidad crucero que nos permite ir viendo el paisaje, tratando de no caer en un pozo, frenar bien en un semáforo, que no tengas multas. Ahora tuvimos que apretar el acelerador y estamos viajando a mayor velocidad, lo que deja espacio a eventuales situaciones que no son las ideales. Pero es así, no tenemos todo el tiempo del mundo, estamos metidos en esto.

Finalmente, esa “nueva normalidad”, llegue cuando llegue, ¿incluye un 1% del producto interno bruto para investigación y desarrollo?

Tengo toda la esperanza en que esta acción, y a su vez toda esta visibilidad social de la ciencia, facilite que se le dé la prioridad que necesita para los próximos años. Entre otras cosas, porque además esta no va a ser ni la última pandemia ni el último problema que tengamos, medioambiental o de otro tipo, y porque queda demostrado que el saber es un valor fundamental para el desarrollo de los paí­ses. En este momento, más que hablar de un porcentaje, diría que la realidad en forma brutal mostró cuál es el rol de la ciencia en un país, y entonces uno esperarí­a que –y aspiraría a que– pensando en un modelo de desarrollo nacional, se le dé a la ciencia mayor relevancia y un mayor grado de prioridad que el que se le ha dado en el pasado. De ahí viene lo otro por añadidura.