La covid-19 nos obliga a reducir nuestra vida social. La cantidad de veces que en los medios se repite el “Quedate en casa”, más allá de que sea la mejor estrategia para evitar la rápida propagación del virus, no deja ver que, para muchos, esa casa no es un lugar ideal para pasar todo el día encerrado, mientras que para otros, ni siquiera hay una casa. “No son vacaciones”, se dice por un lado, mientras por otro se dan mensajes como que aproveches para leer un libro o hacer cosas que antes no tenías tiempo de hacer.

Y claro que no son vacaciones. Esta situación de crisis que altera la vida cotidiana, que disminuye el ingreso de muchos, mientras que a otros los deja sin chance de ganarse la diaria, que está llena de incertidumbres y para la cual no se ve una salida inmediata, puede provocar múltiples consecuencias en nosotros, los socialmente distanciados. En la nota “Reacciones ante la situación de emergencia”, publicada en el portal de la Facultad de Psicología, la psicóloga social Graciela Loarche dice que estas situaciones pueden provocar impactos emocionales como “angustia, miedo, agobio, enojo, tristeza, ansiedad, culpa y autorreproche”, así como alteraciones cognitivas como “problemas de atención y concentración, dificultad para realizar tareas automáticas, olvidos, sentirse embotado, tener rumiación de ideas (dar vueltas sobre el mismo tema sin poder controlarlo), preocupación excesiva por uno mismo y por los demás”.

Y el impacto no se queda allí: también hay efectos físicos, por fuera de los síntomas que podría tener el coronavirus, entre ellos, “sentir frecuentemente dolor de cabeza, fotofobia, hiperventilación, alergias, falta de energía, sensibilidad frente a los ruidos”. Por eso Loarche habla de una “romantización de la cuarentena” (pueden escucharla en nuestro podcast Mezcla en cuarentena del 8 de abril). Cuesta pensar en alguien leyendo en paz un libro sin saber cómo hará para comer mañana, o, sin ser tan drásticos, cuando siente una ansiedad o angustia tan difusa como paralizante.

Achatar la curva y el consumo de drogas

El psicólogo Paul Ruiz, docente de la Universidad de la República y miembro del Sistema Nacional de Investigadores de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, estudia desde hace años el consumo de alcohol en jóvenes, y pensó que sería interesante ver qué estaba pasando con el distanciamiento social y el consumo de drogas. Para ello, ayudado por quien fue su tutor de doctorado y colega, el argentino Ricardo Marcos Pautassi, y la socióloga Florencia Semblat, lanzó una encuesta, que se contesta online, tratando de obtener datos sobre el aislamiento y cómo está incidiendo en el consumo de drogas. La encuesta, que pueden contestar en ladiaria.com.uy/U1e, aún sigue corriendo, y cuantas más personas contesten más información se podrá obtener.

Cuando hablé con Paul Ruiz para el podcast Mezcla en cuarentena a propósito de la encuesta que lanzaba, el 31 de marzo, dijo que si bien con los resultados que estaba obteniendo podría publicar un artículo científico, con los plazos que implica la redacción, el envío a una publicación, su revisión y aprobación final, saldría con suerte en unos seis o diez meses. Para él entonces sería demasiado tarde: más allá del valor del conocimiento por el conocimiento en sí, Ruiz se preguntaba sobre la utilidad que tendría la publicación de los resultados cuando, ojalá, el aislamiento haya terminado. Consideraba importante tener un informe preliminar cuando la encuesta llegara a cerca de 2.000 respuestas, de manera de mostrar un panorama que pudiera, en caso de ser necesario, brindar información útil para actuar mientras el aislamiento se está llevando a cabo.

El lunes Ruiz me dijo que ese informe preliminar de su encuesta estaría pronto al terminar el fin de semana. Pero es miércoles y estamos conversando sobre los primeros datos que está extrayendo. “Ayer me copé, estuve 13 horas trabajando con la planilla”, confiesa. Su apuro tiene la intención de contribuir con información útil para quienes estamos atravesando esta situación atípica. Tras limpiar las respuestas ‒siempre hay un porcentaje de graciosos‒, se quedó con los datos aportados por 1.874 personas. Después de cruzar las distintas variables y analizar las respuestas, llenó varias carillas con resultados. Sobre lo que encontró hablamos ahora, cada uno distanciado en su casa.

Sobre el consumo de drogas previo al aislamiento

Para ver qué efecto tiene el aislamiento sobre el consumo de drogas hace falta obtener datos de ambos. Veamos primero lo que la encuesta arrojó sobre el consumo de drogas previo a la llegada de la pandemia, para poder ver así si hay un cambio o no.

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“Cuando se les preguntaba a las personas cuáles eran las drogas que había consumido en el último año, las más nombrada, como siempre, es el alcohol, con 90%. Las cinco más consumidas se completan luego con la marihuana (56%), el tabaco (41%), los psicofármacos (21%) y los alucinógenos (17,4%). Después los porcentajes siguen bajando y aparecen éxtasis, cocaína, estimulantes, ketamina y pasta base”, resume Ruiz.

“Esa es la dinámica del consumo en el último año, previo al aislamiento. Luego se les preguntó cuál, en el último año, era la droga que más habían consumido”, explica. “Entonces vuelve a aparecer en primer lugar el alcohol, con 54,6%, seguido del tabaco con 19%, la marihuana con 17% y los psicofármacos con 7%”.

“También les preguntamos acerca de la droga que más consumieron en el último año, con qué frecuencia la consumían”, dice Ruiz. Ahí las respuestas fueron que algunas veces a la semana (30,4%), diariamente (27,5%), algunas veces al mes (18,3%), semanalmente (13,6%) y mensualmente (3,6%). De esa manera, uno puede hacerse un panorama de cómo era el consumo de drogas de las personas que contestaron la encuesta previo a que el SARS-CoV-2 llegara y nos obligara a todos a guardarnos en casa.

Aislamiento y malestar

En la encuesta se le pedía a la gente que contestara si estaba haciendo aislamiento total, definido como aquel en que “sale de su casa sólo por necesidades básicas, como comprar comida”, o aislamiento parcial, en que “procura salir lo menos posible y está más tiempo en su casa que antes de la pandemia”.

“Las personas que hicieron aislamiento parcial fueron 38,5%, y las que hicieron aislamiento total 61,5%”, dice Ruiz. “Ese ya fue un dato llamativo: en esta muestra hubo más gente haciendo aislamiento total que parcial”, afirma, aclarando que la gente que no hizo aislamiento ni total ni parcial no está incluida en la encuesta. También hay información sobre cuánto tiempo llevaban aisladas: “En promedio llevaban 13 días de aislamiento y en promedio están 19 horas por día aislados”, señala Ruiz, que además explica que ese aislamiento “implica que están recluidos en un espacio, no implica que no interactúen con otros o que no vivan con otras personas. Es un aislamiento de quedarse en casa o de quedarse en un lugar fijo”. Por ello hay personas que más que referirse a aislamiento social prefieren hablar de distanciamiento social. Sin embargo, el distanciamiento podría aplicarse también a las medidas que hay que tomar cuando no queda más remedio que interactuar con el otro. A la hora de desambiguar, ¿reclusión social sería más acertado? Poco importa para este estudio el término para denominar este quedarse en casa: lo que importa es que estar aislados, distanciados o recluidos trae consecuencias para todos nosotros.

En su encuesta Ruiz incluyó una sección que permite reflejar, con una escala utilizada en estudios de este tipo, el malestar psicológico de las personas. “Es una variable que había estado trabajando al estudiar el consumo de alcohol en jóvenes”, explica, y señala que “el malestar psicológico se define como la respuesta psicológica que se genera en situaciones de estrés. Básicamente está dado por una combinación de síntomas de ansiedad y de variaciones del estado de ánimo”. El investigador, que ya había observado que un mayor malestar psicológico en los jóvenes se relacionaba con un mayor consumo de alcohol, dice que es valioso tener datos sobre “cuánto malestar hay en este aislamiento y cómo se relaciona ese malestar en el aislamiento con el consumo de drogas”.

“Una de cada cinco personas está experimentando altos niveles de malestar psicológico durante el aislamiento”.

“Era de esperarse que en un contexto de aislamiento hubiera mayor malestar, y eso es lo que pudimos observar”, afirma tras analizar la respuesta de estas primeras 1.874 personas que respondieron. “Encontramos que hay situaciones para atender. Por ejemplo, casi 20% de la población de la encuesta tiene altos niveles de malestar psicológico durante el aislamiento”, comenta, y agrega que “altos niveles quiere decir que la están pasando bastante mal, porque se mide por una escala bastante precisa de cuatro niveles. 20% quiere decir que uno de cada cinco está experimentando altos niveles de malestar psicológico durante el aislamiento”. Mientras uno escucha estos resultados preliminares de Ruiz, no puede dejar de pensar que hoy, que no hay perspectivas de levantar estas medidas en el corto plazo, saber que uno de cada cinco la está pasando muy mal es una información que no debe quedar en un cajón, y se alegra de que procesara los datos aún parciales de su encuesta.

“No encontramos una correlación entre la cantidad de días de aislamiento y los niveles de malestar psicológico”.

“Una de las cosas que puede ser ‘esperanzadora’ es que no encontramos una correlación entre la cantidad de días de aislamiento y los niveles de malestar”, resalta Ruiz. “No es que se dé una curva donde cuanto más tiempo aislado mayores son los niveles de malestar. Eso, por lo menos con los datos que tenemos ahora, no lo pudimos demostrar”.

Le comento, a nivel anecdótico, que acabo de conversar con un vecino que es un gran músico, quien decía que recién ahora, que va por la cuarta semana de aislamiento, está volviendo a tocar su guitarra. Esto podría hacernos pensar que tal vez podría haber cierto efecto de que este aislamiento pase a ser para nosotros una nueva “situación normal” o que al menos comencemos a adaptarnos al distanciamiento. Si así fuera, ese malestar tal vez podría bajar. “A medida que la encuesta siga andando podemos empezar a construir una curva en la que observemos si hay subidas y bajadas. Pero para eso necesitamos que pase el tiempo, sería un estudio longitudinal, en el que más gente siga respondiendo y vayamos viendo si esos niveles cambian con la cantidad de días”, afirma.

De todas formas, esto es, como se dice en todas las encuestas previas a las elecciones, una foto del momento. Y la foto, sacada con esa cámara que es la encuesta realizada por Ruiz, nos está diciendo que una de cada cinco personas que están cumpliendo el distanciamiento social la está pasando realmente mal. “Una de cada cinco la está pasando realmente mal, está en el extremo de la escala de malestar”, dice Ruiz. Pero no es todo: “Luego hay otro 20% que tiene un nivel moderado de malestar y otro 20% con un nivel leve de malestar”.

Como le sucede muchas veces a nuestra ciencia, la falta de líneas de base, de mediciones a gran escala y en el tiempo, no nos permite saber si este 20% bajo malestar extremo durante las medidas por el coronavirus es muy elevado o si, por el contrario, uno de cada cinco de nosotros en este país siempre está sintiéndose con ansiedad y cambios de humor.

“En Uruguay no tenemos información de línea de base para esa escala. Lo que sí puedo decir es que cuando en mi tesis de doctorado apliqué esa misma escala, en otra población, en jóvenes de 18 a 30 años, si bien los resultados eran bastante parecidos, había un poco menos de gente en los niveles más altos de malestar”, comenta. También dice que en esta encuesta sobre el aislamiento “los mayores niveles de malestar los está experimentando la gente más joven. Cuantos más años tiene la persona, menores son los niveles de malestar. Entonces también hay una relación entre aislamiento, malestar y edad”. Allí hay otro dato interesante para trabajar.

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Aislamiento y consumo de drogas

Los datos sobre qué hace la gente durante el aislamiento y sobre el malestar psicológico que reporta ya de por sí son útiles. Pero el trabajo de Ruiz busca ver cómo esto afecta el consumo de drogas. Y allí también surgen datos que vale la pena tener en cuenta.

Por ejemplo, Ruiz y sus colegas notaron un cambio en la frecuencia de consumo de aquellas personas que ya consumían drogas. “En la pregunta de con qué frecuencia consumió durante el aislamiento la droga que más consumía antes del aislamiento, se dan vuelta los resultados. Mientras antes la respuesta más frecuente era semanalmente, en el aislamiento pasa a ser diariamente, con 30,3%, o sea que se agudiza el consumo, tiende a hacer más frecuente”.

“Durante el aislamiento, una de cada tres personas aumentó el volumen de consumo de la droga que más consumía”.

El panorama que permite ver la encuesta también muestra otros cambios: además de la frecuencia de consumo, los datos arrojan que también se consume más cantidad. “Les preguntamos si notaron que de esa droga, que es la que más consumen, aumentaron el volumen durante el aislamiento, y uno de cada tres responde que sí. Es decir, una de cada tres personas aumentó el volumen de consumo de la droga que más consumía durante el aislamiento”.

Algunas personas están consumiendo más y con mayor frecuencia. Pero además “7% de los encuestados respondieron que no solamente consumieron las drogas que solían consumir antes del aislamiento, sino que además incluyeron drogas que antes no consumían”. Las más incluidas fueron la marihuana y los psicofármacos, y Ruiz comenta que “son drogas que justamente tienen efectos ansiolíticos y que técnicamente se consideran drogas depresoras”. A Ruiz le parece llamativo el rol de los psicofármacos: “Estamos hablando de que es la cuarta droga más consumida y de que es la segunda principal droga a la que se le echa mano cuando quieren sumar una droga durante el aislamiento”.

Según sus datos, el pool formado por alcohol, tabaco, marihuana y psicofármacos “es el combo bastante poderoso que se está viendo durante el aislamiento”. El resto de las drogas aparece “con mucho menor frecuencia. Esas cuatro están bastante sobre el tapete y con un consumo bastante complicado”, asegura.

Qué hacemos en el aislamiento y el consumo de drogas

Ruiz también tiene interés en saber cuáles son las actividades que las personas realizan durante el aislamiento y ver cómo ello incide en el consumo de sustancias. “Es relevante saber si las actividades que realizan las personas durante el aislamiento las protege o las estimula al consumo de drogas”, explica.

“Cuando les preguntábamos cuál era la actividad a la que le dedicaban más tiempo durante el aislamiento, la respuesta más común fue redes sociales, con 21%. La segunda respuesta fue desarrollo de proyectos personales, con 17%, y luego ver películas o series, con 15%, e interacción con otra persona con la que vive, con 14%”. La quinta respuesta que más dieron fue “otros”, con 11%, y dentro de ese “otros” la respuesta más común fue que realizaban tareas domésticas. “Había otras actividades posibles, porque les dábamos una lista, como hacer meditación o yoga, actividad física y otras, pero quedaron muchísimo más abajo en términos de porcentajes”, agrega.

Al cruzar las respuestas de las personas que aumentaron o no el consumo de drogas durante el aislamiento con las actividades a las que dedican la mayor parte de su “quedate en casa” surgen datos interesantes. “De las personas que declararon que aumentaron el volumen de consumo de su principal droga en el aislamiento, la mayor cantidad, 36%, lo que más dice es que dedicaron más su tiempo a ver televisión”, resume. Por otro lado, encontró que “la menor cantidad de las personas que aumentaron el volumen de consumo son las que desarrollan proyectos personales, laborales, académicos o artísticos durante el aislamiento”.

Así que “36% de las personas que le dedican más tiempo a ver televisión en el aislamiento declara que aumentó el volumen de consumo de la principal droga, mientras sólo lo hicieron 23% de los que se dedicaron a proyectos personales”. Uno podría pensar, entonces, que hay cierto efecto favorable en no abandonarse a actividades pasivas. “Yo diría que el principal efecto protector respecto del aumento del consumo de drogas durante el aislamiento se da en las personas que están dedicándose a proyectos personales, laborales, académicos, artísticos, etcétera”, respalda Ruiz. “Luego del desarrollo de proyectos personales, todo lo que tiene que ver con el autocultivo, el cultivarse uno mismo, está relacionado con un factor de protección”, asegura.

“La gente que hace ejercicio en la casa se siente menos peor”.

Pero hay más y, de cierta manera, no sorprende: Ruiz está encontrando que “los menores niveles de malestar psicológico los expresaron las personas que desarrollan actividad física en la casa”. El dato es interesante, sobre todo si tenemos en cuenta que nadie sabe por cuánto deberá prolongarse este distanciamiento. “Una persona no la pasa tan mal si hace actividad física en la casa en algún momento, o, si se quiere, la pasa menos peor”, dice, y señala que es importante “tener evidencia que acompaña la recomendación de que estimular la actividad física es un factor protector para sentirse mejor y, además, consumir menos drogas”. Reitera: “la gente que hace ejercicio en la casa se siente menos peor”.

Cuanto peor estemos durante el distanciamiento social, más riesgo tenemos de aumentar el consumo de drogas, indica el análisis preliminar de Ruiz. Sobre eso amplía: “Una de las drogas que estuvo asociada con los más altos niveles de malestar fueron los psicofármacos. Por otro lado, un mayor nivel de malestar psicológico se asocia con una mayor frecuencia de consumo, sobre todo la frecuencia diaria. Las personas que consumen diariamente la principal droga son las que expresan los mayores niveles de malestar psicológico”.

“Las personas que experimentan mayores niveles de malestar psicológico son más propensas a sumar nuevas drogas durante el aislamiento”.

También encontraron que las personas que experimentan mayores niveles de malestar psicológico son más propensas a sumar nuevas drogas para consumir durante el aislamiento.

Qué elegimos hacer

Ante una situación como la actual, de una pandemia que cambia la forma en que todos vivimos y que está rodeada por grandes niveles de incertidumbre, la ansiedad se dispara. ¿Cuál es la respuesta normal ante una situación anormal? Algunas de las drogas consumidas podrían tener un efecto ansiolítico, de aplacar esa ansiedad. Pero no hay que bajar la guardia. “Si lo que quiero es algo positivo para mi vida, creo que hay que hacer todo el esfuerzo posible por realizar actividades productivas, hacer ejercicio y tener proyectos”, dice Ruiz. “Para mí la información es información y sirve para trabajar en términos de prevención. Después cada uno ve qué es lo que hace y si lo adopta o no”.

“Después hay otra discusión, que es la del utilitarismo de las drogas, de para qué sirven. La teoría de la automedicación indica que todos nos automedicamos en algún momento, y que nos medicamos con lo que sea. Entonces también tiene sentido que uno, ante situaciones de ansiedad o malestar, tienda a consumir una droga que lo va a dejar un poco más tranquilo o que le va a hacer sentir menos peor. El tema es que eso lo puedas elegir”, reflexiona.

Su encuesta muestra que las personas que aumentaron el consumo también son las que están reportando mayor malestar psicológico. Podríamos decir que las drogas no parecerían haberles disminuido el malestar. “Es lo que tiene la dinámica de las drogas. Durante un rato te hacen pasar bien, pero después pagás las consecuencias”, sentencia Ruiz.

Participá de la encuesta y cuidate

La encuesta aún sigue corriendo y quienes quieran pueden participar de forma anónima. Alcanza con entrar a https://bit.ly/3e9akRv y completar las preguntas. No lleva más de cinco minutos.

Ruiz también quiso dejar un link para aquellos que deseen obtener ayuda para reducir o eliminar el consumo de sustancias. Aquí pueden bajarse el manual Estrategias de autoayuda, elaborado por la Organización Mundial de la Salud. https://bit.ly/2Xn8K8N

Más sobre el tema:

Sobre Paul Ruiz y sus investigaciones sobre consumo de alcohol:

Para escuchar: