Hoy se conmemoran los 125 años del nacimiento de Clemente Estable (1894-1976). En su honor, se celebra el Día del Investigador, la Ciencia y la Tecnología, de acuerdo con la Ley 17.749, promulgada en 2004. Si bien es nuestra tarea honrar el legado de Estable cada día, estos mojones del calendario representan buenos pretextos para invitar a la reflexión en tiempos de significativa devaluación del pensamiento.

Clemente Estable fue maestro, profesión que ejerció en su juventud y que reivindicó a lo largo de su vida. Consecuentemente, dedicó gran parte de su creación intelectual estudiar y proponer sistemas de aprendizaje basados en el estímulo de la curiosidad, la observación y la experimentación en los niños. En este proceso Estable da un lugar primordial a la figura del maestro para despertar la “fuerza vital” que, al decir del filósofo Henri Bergson, de gran influencia en su pensamiento, sostiene el desarrollo del individuo.

Probablemente no sea casualidad que su principal campo de interés en las ciencias biológicas haya sido el estudio del sistema nervioso. Guiado por una vocación y una capacidad de trabajo sin límites, se formó de manera autodidacta y en cursos libres de distintas facultades de la Universidad de la República, y se consolidó como científico durante su estadía en el laboratorio de Santiago Ramón y Cajal, en Madrid, así como en diversos centros científicos de Europa, entre 1922 y 1925.

Como resultado de sus años de investigación, desarrolló métodos experimentales originales y planteó hipótesis que aún están vigentes acerca de las propiedades de la comunicación interneuronal, entre una extensa serie de hallazgos.

La creación del instituto

Poco después de su regreso, en 1927 Estable consiguió que el Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal decidiera crear el Laboratorio de Ciencias Biológicas, bajo su dirección. Fue el predecesor del Instituto de Ciencias Biológicas que hoy lleva su nombre (IIBCE), que fue creado en plena consolidación de lo que el historiador Gerardo Caetano denomina “el Uruguay del Centenario”.

La creación del IIBCE le permitió llevar a la práctica sus convicciones y principios como investigador, dando lugar a aportes sustanciales que en buena medida sustentan el actual patrimonio científico de Uruguay. Es posible asumir que a partir de la obra de Estable se generó el concepto del investigador científico en el país. Bajo su influjo, en 1943 se consiguió incorporar la figura de la “dedicación exclusiva” en la organización administrativa del Estado, un régimen laboral hasta entonces desconocido en el país. Esto no solamente implicó una modificación del régimen contractual, sino que es un correlato de sus concepciones de la vocación y la investigación científica. Según recoge Omar Trujillo-Cenoz en la biografía del investigador, disponible en el sitio web del IIBCE, para Estable “la denominación ‘full time’ implicaba mucho más que una exigencia horaria o la exclusión de otra actividad rentada. Era una forma de vivir que demandaba, de acuerdo con sus propias palabras, ‘todo el tiempo y todo el hombre’. Coherente con su prédica, dedicó su vida a la investigación y a la docencia”.

Presente y futuro

Actualmente, el IIBCE (una Unidad Ejecutora del Ministerio de Educación y Cultura) desarrolla sus actividades en muy diversos campos del conocimiento en ciencias biológicas. Si bien Estable contribuyó con la consolidación de una escuela neurocientífica relevante tanto en Uruguay como fuera de fronteras, con una vigencia que se mantiene hasta el día de hoy, no dudó en imprimirle al IIBCE un carácter de inequívoca multidisciplinariedad. Fue así que desde sus inicios cobijó a investigadores cuya obra dio lugar al desarrollo de disciplinas que hoy son parte fundamental del patrimonio científico y cultural de Uruguay (neurociencias, biología y ultraestructura celular, citogenética, zoología, bioquímica y microbiología, entre otras).

Así, testigo y protagonista de casi la mitad de los años de vida independiente de Uruguay, el IIBCE constituye un componente esencial en el sistema institucional de la investigación científica y la cultura en el país. Mantiene su compromiso irrenunciable con la generación de conocimiento científico básico de excelencia cuyo fin es comprender los fenómenos que sustentan la vida. En consecuencia, el IIBCE ha demostrado con solvencia su capacidad para conducir investigaciones científicas originales, dirigidas a la resolución de problemas en distintas áreas de las ciencias biológicas.

Con refinada elegancia pero con implacable contundencia, Clemente Estable sintetizó en una frase el camino por el cual se resuelve la aparente colisión que en ocasiones se plantea entre ciencia fundamental y ciencia aplicada: “Todos alabamos la belleza del árbol; todos elogiamos el encanto de la flor; todos saboreamos el fruto maduro; todos escanciamos el fruto que fermenta…, y pocos, muy pocos, se acuerdan de la oscura raíz que trabaja en profundidad… Eso ocurre con la ciencia pura y la ciencia aplicada”. Transitando por similares senderos, Bernardo Houssay, fisiólogo argentino que ganó el premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947, expresó en 1954 en una conferencia en la Universidad de Columbia: “Es muy común en los países atrasados una desmedida preocupación por las aplicaciones inmediatas, y por ello se suele alardear de criterio práctico y pedir que se realicen exclusivamente investigaciones de aplicación inmediata y útiles para la sociedad. [...] Quienes expresan tales criterios ignoran –y esta ignorancia es muy grave y dañina– que todos los grandes adelantos prácticos provienen de la investigación científica fundamental”.

Estas instancias de conmemoración son apropiadas para alentar una reflexión serena pero constructiva y activa, en momentos en que el país se aproxima a instancias que conducirán a la elaboración de un nuevo Presupuesto nacional el próximo año.

Se atribuye a Jawaharlal Nehru, célebre primer ministro indio, esta visión respecto del futuro de su país: “La India es un país demasiado pobre para darse el lujo de no tener ciencia”. Por su parte, desde Uruguay al mundo, Clemente Estable expresó con preclara agudeza: “Los países pequeños, no menos que los países grandes, necesitan la grandeza de la ciencia. Con ciencia grande no hay país pequeño”.

Pablo Zunino es presidente del Consejo Directivo del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable.

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