La noticia ha circulado por el mundo entero: aracnólogos bautizaron Stormptropis a un género de arañas, en un claro homenaje a los Storm Troopers, los soldados de bruñidos trajes rígidos blancos de Star Wars. El nuevo género, al que los investigadores agregaron cuatro nuevas especies de arañas jamás antes consignadas por la ciencia –Stormtropis parvum, Stormtropis colima, Stormtropis muisca y Stormtropis paisa– fue descrito gracias a ejemplares recolectados en Colombia. Sin embargo, al leer el artículo de la revista ZooKeys en el que las nuevas especies –junto a otras dos nuevas especies de los géneros Paratropis y Anisaspis, que como las nuevas Stormtropis pertenecen a la familia de arañas Paratropidae– llama la atención que dos de sus tres autores estén afiliados académicamente a la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

Mientras que William Galvis forma parte de la Universidad Nacional de Colombia, tanto Carlos Perafán como Fernando Pérez-Miles integran la sección Entomología del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias uruguaya. Si bien puede parecer extraño que desde Montevideo se escriba un trabajo para describir nuevas especies de arañas colombianas, cuando uno conversa con Pérez-Miles lo extraño es lo más natural del mundo. “Carlos Perafán es colombiano y hace más de diez años que está acá. Fue mi alumno de maestría y doctorado”, arranca diciendo para explicar la conexión colombiana. “William Galvis también es colombiano. Vive en Colombia, y en estos momentos está haciendo el papeleo para ingresar a hacer su maestría en la Udelar”, prosigue. A su vínculo “muy fluido” con Colombia, el aracnólogo de Ciencias suma otro motivo importante para esta conexión: “Colombia es el segundo país en biodiversidad del mundo, luego de Brasil. Y si se considera la cantidad de especies por unidad de área es el primero, ya que es más chico”, reflexiona Pérez-Miles, para quien investigar las arañas en Colombia “es una maravilla”. El investigador y docente sabe de lo que habla: ya fue cuatro veces a internarse en los rincones colombianos buscando pequeños animales.

Cuando las colecciones hablan

El trabajo publicado se basa en material que ya había sido recolectado y en otro que se recolectó en una campaña que los investigadores hicieron durante tres meses en 2017, cuando recorrieron Colombia de sur a norte. “Encontramos muchísimos representantes de esta familia de arañas, Paratropidae, que, a pesar de ser muy abundante y diversa en Colombia, no había sido descrita para el país, al menos en una revista científica como hicimos nosotros”, dice Pérez-Miles.

Al estudiar el nuevo material recolectado y el que estaba en las colecciones, se dieron cuenta de que tenían algo que merecía ser contado. Contar en ciencia implica publicar en una revista científica: “Vimos la necesidad de citar este registro, nuevo para Colombia, de la familia Paratropidae. Pero además nos encontramos con seis especies nuevas, dos de géneros que ya se conocían (Paratropis y Anisaspis) y cuatro que no correspondían a ninguno de los géneros conocidos, por lo que describimos este nuevo género, al que bautizamos Stormtropis”, explica Pérez-Miles.

La felicidad de nombrar especies

“Describir especies nuevas siempre es una alegría. Ya tengo unas cuantas en mi haber, porque hace 40 años que trabajo en esto, un área en la que no es tan raro como descubrir nuevas especies de animales más grandes. En estos bichos no te voy a decir que es fácil, pero con un poco de esfuerzo se consigue. Incluso en un país como Uruguay, que es pequeño, hemos descubierto cosas nuevas, y supongo que aún quedan muchas más por descubrir”.

Pérez-Miles tiene razones de sobra para ese optimismo: “Se conocen unas 47 o 48.000 especies de arañas, pero se calcula que podrían existir unas 170.000”, se entusiasma, y agrega que la mayor parte de la biodiversidad es desconocida y que las arañas son el séptimo grupo de animales más diverso del planeta. “La diversidad no está distribuida homogéneamente en el mundo. En un solo árbol del Amazonas hay el mismo número de especies de hormigas, o tal vez más, que en todas las islas británicas. En las zonas tropicales hay mayor diversidad, y dentro de las áreas tropicales, Colombia es especialmente diversa porque tiene tres cordilleras, por lo que hay barreras geográficas y gradientes de altura que favorecen la especiación”, explica.

Está bien, es un hecho: darle un nombre relacionado con un elemento de la cultura popular a un nuevo género de arañas es un guiño que llama la atención sobre el descubrimiento. Pero, en este caso, Perefán, Pérez-Miles y Galvis tenían una razón adicional para hacerlo: el nombre calzaba a la perfección con el otro género de arañas de la misma familia. “A los tres nos gusta la saga de La guerra de las galaxias, y jugando con el nombre Paratropis se nos ocurrió el juego de palabras y homenaje a los Storm Troopers”, cuenta. Por otro lado, las arañas de este grupo son muy parecidas entre sí, por lo que distinguir una especie de otra es tan difícil como distinguir entre distintos storm troopers, esos soldados blancos icónicos de la saga. “Son un grupo muy homogéneo, y las diferencias son muy sutiles. Para describirlas debimos estudiarlas con mucho detalle, muchas horas de lupa, fotos y microscopio”, reconoce Pérez-Miles. También contaron con una ayuda: vieron que había poblaciones en parches pero sin continuidad, por lo que sospechaban que no había intercambio genético.

Los tres investigadores describieron cuatro especies para el nuevo género –Stormtropis parvum, Stormtropis colima, Stormtropis muisca y Stormtropis paisa–, pero no sólo no descartan que existan algunas más, sino que ellos mismos ya han encontrado nuevas que aún no han publicado. “Tenemos material para trabajar mucho tiempo. Lo que pasa es que no te da el tiempo para describir todas las especies al mismo tiempo”, dice Pérez-Miles, quien adelanta que cuando Galvis venga a Uruguay centrará su trabajo de posgrado en este nuevo grupo de arañas: analizará todo el material que tienen. Casi con certeza, describirán nuevas especies de Stormtropis y otras nuevas de la familia Paratropidae.

Artículo: “The first Paratropididae (Araneae, Mygalomorphae) from Colombia: new genus, species and records”.

Publicación: ZooKeys (marzo de 2019).

Autores: Carlos Perafán, William Galvis y Fernando Pérez-Miles.

Nombrar y conocer

“Ponerles nombre siempre es la parte más divertida, sobre todo porque en la ciencia se trabaja siguiendo protocolos muy estrictos, y lo único que te da cierta libertad artística, imaginativa y divertida es nombrar a las especies”, comenta Pérez-Miles. Sobre esas libertades cuenta que, junto con otra alumna nombraron a una especie del género Chaco, que era marrón, como Chaco castanea, en homenaje al popular cantante Cacho Castaña.

Uno podría pensar que estudiar las arañas colombianas en Uruguay podría no tener mucho sentido. “Mucha gente nos pregunta para qué sirve el trabajo que hacemos. Pero detrás de cada nueva especie que uno descubre hay un valor potencial”, dispara. “Cuando me preguntan para qué sirve esto, contesto siempre con otra pregunta que no es mía: ¿para qué sirve un bebé recién nacido?”. La respuesta la dio el físico Michael Faraday cuando le preguntaron para que servía su experimento de generar una corriente eléctrica al mover un imán sobre un cable de cobre enrollado. La respuesta es brillante para echar mano cada vez que uno tiene enfrente a alguien que sólo concibe expectativas utilitaristas para la ciencia. “La mayor parte de los alimentos que comemos salen de un par de docenas de especies. La enorme mayoría de los medicamentos que conocemos salen de la biodiversidad. Nunca sabés bien cuál va a ser el valor al encontrar una nueva especie, pero siempre es mejor conocer” ensaya Pérez-Miles, en un esfuerzo por satisfacer ese interlocutor teórico de enfoque utilitarista.

Por las dudas, da un ejemplo: “Las arañas del banano, que hace poco aparecieron en nuestro país, tienen algo en su toxina que produce una erección patológica, que se conoce como priapismo. Allí hay entonces un principio activo con potencial para ser usado como el Viagra. En este caso, si te tuviera que decir para qué sirve el descubrimiento de las Stormtropis, estaría en grandes dificultades. Pero estamos convencidos de que el estudio de la biodiversidad es valioso por sí mismo, por el uso potencial de lo descubierto pero también para comprender la naturaleza”.

Si conocer la biodiversidad del planeta para tratar de entender el lugar en el que vivimos no fuera suficiente, siempre vale la pena recordar que la ciencia es una disciplina narrativa y que cada granito de arena que se aporta nos ayuda a contar la historia de este planeta, de la galaxia que lo rodea y del universo todo. Galvis, Perafán y Pérez-Miles han aportado seis granitos más a ese cuento.

.