Nadie puede discutir que el consumo habitual de alcohol es negativo para la salud. En sociedades como la nuestra, en la que el alcohol ocupa un rol central en el imaginario colectivo, son varios los factores que influyen en el nivel de consumo entre los jóvenes. Según una investigación reciente, la densidad de locales de venta de alcohol y la percepción del acceso a bebidas alcohólicas en el área de residencia repercuten directamente en el nivel de consumo de ese grupo etario y en gasto que hace en estas bebidas. A su vez, ambas variables afectan de diferente forma a mujeres y hombres jóvenes.

El estudio “Relación entre la disponibilidad de alcohol, consumo de alcohol y problemas en jóvenes argentinos”, publicado por investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, plantea que existe una “relación positiva y significativa” entre el consumo de alcohol en jóvenes y su disponibilidad objetiva (DO), es decir, la cantidad de locales que venden bebidas alcohólicas en un área, y la densidad percibida (DP) de locales que venden bebidas alcohólicas en la zona de residencia. Estas variables también influyen directamente en la cantidad de consecuencias negativas experimentadas por el consumo y el dinero gastado en alcohol.

No siempre más temprano es mejor

El investigador Ricardo Pautassi, del Instituto de Investigación Médica Mercedes y Martín Ferreyra, señala a modo de contexto que la edad de inicio en el consumo de alcohol en Argentina ronda los 14 años, “una edad realmente baja”. A su vez, apunta que por debajo de ese promedio, a los 11 años 63% de los niños probó alcohol y 37% tomó un vaso entero de alguna bebida alcohólica. Esas cifras ascienden a 82% y 54,5% a los 12 años. “Hay un pasaje muy fuerte de la abstinencia a ese sorbito y a, finalmente, consumir alcohol. A los 16 el consumo es casi una norma”, plantea el investigador, que añade: “Cuanto más temprano se inicie el consumo de alcohol, hay más posibilidades de consumo de alcohol de forma problemática”, por ejemplo a en atracones o bringe drinking (el consumo excesivo de alcohol en instancias puntuales).

Para el estudio se hizo una encuesta online entre estudiantes universitarios de entre 18 y 30 años residentes en Córdoba capital. La muestra se limitó a 356 jóvenes (80% mujeres y 20% hombres). Entre los encuestados, 98% había consumido alcohol alguna vez y más de la mitad (63,2%) lo había hecho en la semana previa a completar la encuesta. Además, 25% de los jóvenes reportó al menos un consumo episódico excesivo de alcohol (CEEA) en el último mes.

Los investigadores también encontraron que los hombres presentan un mayor consumo de alcohol en “frecuencia y cantidad” que las mujeres, y mencionaron una mayor cantidad de consecuencias negativas experimentadas. Mientras que los hombres dijeron tomar bebidas alcohólicas al menos cinco días al mes, las mujeres lo hicieron cuatro. En el caso del volumen de alcohol consumido en el último mes, las mujeres consumieron 295 gramos, frente a 506 de los hombres.

La investigación halló que los jóvenes universitarios residentes en esa provincia consumen principalmente cerveza y fernet. Al respecto, Pautassi explicó: “El problema de moverse de cerveza a fernet es la graduación alcohólica. Si traslado mi consumo de dos o tres vasos de cerveza a dos o tres vasos de fernet, voy a subir mi graduación alcohólica en sangre en un porcentaje muy alto”.

Todos los jóvenes que reportaron consumo de alcohol en el mes previo al estudio experimentaron algún problema asociado. Estas consecuencias negativas se midieron mediante la encuesta Young Adult Alcohol Consequences Questionnaire (YAACQ) que, según explica el investigador, van desde las “muy sencillas”, como “despertarse a la mañana con resaca, perder un día de trabajo o no poder ir a clase debido al consumo de alcohol el día anterior”, pasando por consecuencias “más graves”, como “tener peleas físicas con otra persona, tener relaciones sexuales no deseadas y otras experiencias violentas”, hasta consecuencias “más complicadas”, como “necesitar consumir alcohol el día posterior”.

El consumo y el género

Pautassi comentó que el aspecto “más interesante” al que arribaron fueron los sesgos en el impacto de las variables de disponibilidad y percepción del alcohol sobre el consumo según el género, que para el investigador se “podría” asociar con “inequidades sociales entre hombres y mujeres”. En la investigación se establece que en el caso de las mujeres una mayor DO y DP “se asociaron significativamente con la compra de bebidas en negocios, consumo de alcohol, consecuencias negativas de este consumo y dinero gastado dentro del área de residencia”.

En cambio, en el caso de los varones la DP se asoció con “la frecuencia mensual de consumo”. Sin embargo, la relación entre la disponibilidad objetiva y percibida de locales que venden alcohol y el dinero gastado no fue significativa en hombres. Asimismo, los resultados sugieren que los hombres gastan más dinero en alcohol fuera de su zona de residencia, mientras que las mujeres gastan más dinero cerca de donde viven. “En otras palabras, residir en zonas de la ciudad de Córdoba donde hay una mayor concentración de locales que venden alcohol es un factor de vulnerabilidad para exhibir conductas problemáticas de consumo de alcohol y de experimentar consecuencias negativas por este consumo para las mujeres, pero no para los hombres”, añade el documento.

Espejo de desigualdades

Pautassi opinó que esto “tiene que ver con un tema de que en toda Sudamérica, no sólo en Argentina, las mujeres tienen menores ingresos aun cuando trabajan la misma cantidad de horas”, y “en Argentina 80% de los registros de carné de conducir son masculinos”, lo que implica una mayor movilidad geográfica de los hombres. “En mi opinión, estas inequidades en el acceso laboral, en el acceso al sueldo y la movilidad se traducen en que obviamente las mujeres van a ser más sensibles que los hombres a las variables DO y DP. No le veo otra explicación”, argumentó Pautassi.

El investigador comentó que este es un aspecto que se ha comenzado a visualizar en un mayor número de estudios sobre la temática. “Se está viendo que en la medida en que en ciertas sociedades –por ejemplo, en México– en que la mujer va ganando en derechos laborales, se empiezan a estrechar las diferencias en el consumo entre hombres y mujeres. Es una especie de efecto colateral no deseado de la ganancia cultural y la equidad”, planteó.

Para Pautassi, sería interesante plasmar estos resultados en políticas públicas de restricción del consumo de bebidas alcohólicas, para las que no sería necesario contemplar los sesgos en el consumo entre hombres y mujeres, porque “el mensaje les haría bien a todos”. Para el investigador sería positivo establecer “una cuota máxima de cantidad de locales que vendan bebidas alcohólicas” o regular quiénes pueden vender este tipo de bebidas. “La idea no es que no se pueda vender, sino que se pueda vender sólo en ciertos lugares”, explicó.

El consumo en casa

En 2017, en el Centro de Investigación Clínica de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, el licenciado en Psicología y docente universitario uruguayo Paul Ruiz elaboró una encuesta sobre el consumo de alcohol de los jóvenes uruguayos y “algunos factores que estimulan ese consumo, como síntomas de ansiedad y depresión”. Alrededor de 1.600 jóvenes en el mismo rango de edad que los estudiantes cordobeses (de 18 a 30 años) respondieron la encuesta a través de la red. Los resultados obtenidos permiten establecer algunas similitudes y diferencias entre el consumo de jóvenes argentinos y uruguayos.

Al igual que los argentinos, los uruguayos comienzan a tomar alcohol cuando tienen alrededor de los 14 años, y también existen registros de chicos que toman desde los 11 años con cierta frecuencia. Otro aspecto compartido es el consumo vital: qué porcentaje de jóvenes tomaron alcohol alguna vez en la vida: “Mientras que entre los jóvenes argentinos es 98,3%, en nuestro país es 97,2%”, señaló Ruiz. Otra punto en común es la cantidad de habitantes en Montevideo y en Córdoba, ya que ambos lugares tienen una población cercana a 1,4 millones. Sin embargo, hay una diferencia importante: “Si consideramos sólo el área urbana, Montevideo es prácticamente un tercio de Córdoba capital en superficie, además de tener más del doble de densidad de población por kilómetro cuadrado”. Mientras que la zona urbana de Montevideo tiene una superficie de 200 kilómetros cuadradas, Córdoba capital se extiende casi 600.

Con estas características, el psicólogo explica que se podría suponer que en la capital uruguaya hay “más densidad de puntos de venta de alcohol, porque somos la misma cantidad de personas en menos superficie”, lo que determinaría una mayor densidad de puntos de venta en determinados barrios o zonas, que según la investigación de Pautassi podría asociarse con más consumo de alcohol. Ruiz aclaró que estas son hipótesis a demostrar, porque la cantidad de locales que venden alcohol por zona en Montevideo no está disponible, y nunca se investigó el consumo de alcohol por barrio de la forma en que se hizo en Córdoba.

Consumo más problemático

A pesar de las similitudes, hay diferencias fundamentales. “Al comparar estas dos investigaciones, en Uruguay es más frecuente el consumo elevado o el consumo abusivo. Tenemos 75,6% y los argentinos, 53,1%. Eso es fundamental, porque no es lo mismo tomar todos los días un poco que tomar con menos frecuencia pero en mayores dosis”, afirmó Ruiz.

El psicólogo apuntó que una característica del consumo de alcohol entre los jóvenes es que “no toman todos los días, sino que toman mucho un par de veces a la semana”. “Cuando les pregunto a los gurises en los talleres qué es un alcohólico, dicen que un alcohólico es una persona que toma mucho todos los días, y no perciben como riesgosa esta cuestión de tomar mucho una o dos veces por semana”, sostuvo. Justamente, según la encuesta hecha por Ruiz y otros investigadores, esa es la modalidad de consumo más frecuente entre los jóvenes uruguayos, asociada con importantes consecuencias negativas.

Ambas encuestas utilizaron la misma escala para medir consecuencias relacioadas con el consumo de alcohol (YAACQ), por lo que se puede establecer una comparación. Ruiz explicó que los jóvenes uruguayos experimentaron “puntajes considerablemente más elevados” que los cordobeses. Entonces, la modalidad de consumo de los uruguayos “en algunos aspectos se parece a la de los argentinos, pero en otros en más preocupante”, porque “no sólo es más común el consumo elevado, sino que hay más consecuencias negativas asociadas con el consumo de alcohol”, resumió el psicólogo.

Huecos a investigar

Sobre los sesgos de sensibilidad de hombres y mujeres a variables cognitivas y contextuales, en Uruguay no hay datos que permitan deducir que la disponibilidad objetiva y percibida de alcohol afectan en mayor medida a las mujeres que a los hombres.

Sin embargo, en la misma línea que la literatura internacional sobre el tema, en Uruguay los hombres toman más que las mujeres. “Los hombres, por cuestiones biológicas y metabólicas, soportan más el alcohol que las mujeres, y suelen tomar mucho más”, no sólo en frecuencia sino “en la cantidad de gramos de alcohol por episodio” y, por lo tanto, “presentan más consecuencias negativas, y todo lo asociado con el alcohol suele estar un poco más asociado a los hombres que a las mujeres”, dijo Ruiz.

Así como este aspecto es un punto a desarrollar, Ruiz señaló que en Uruguay “hay muy poca investigación sobre el consumo de alcohol”. “Las encuestas por lo general las hace la Junta Nacional de Drogas y son bastante acotadas respecto del alcohol porque contemplan muchas otras drogas, y las experiencias de investigación básicamente son clínicas”.

Artículo: “Relación entre la disponibilidad de alcohol, consumo de alcohol y problemas en jóvenes argentinos”.

Publicación: Health and Addictions (febrero de 2019).

Autores: Gabriela Rivarola, Angelina Pilatti, María Arguello, Ricardo Pautassi.

De la teoría al territorio

Para comenzar a cubrir los espacios vacíos en el conocimiento sobre el tema, desde el 3 hasta el 6 de junio se llevarán adelante las Jornadas de Investigación e Intervención sobre Consumo de Alcohol en Uruguay, que tendrán lugar en el salón de actos del edificio de Presidencia de la República. Las inscripciones para personas relacionadas con la temática son sin costo y se realizan hasta el 29 de marzo al correo electrónico jornadasalcoholuruguay@gmail.com.

Ruiz no limita su trabajo al laboratorio y la elaboración teórica, sino que usa sus estudios y conocimientos para brindar talleres sobre consumo de alcohol en instituciones educativas, destinados a jóvenes y adultos. Cualquier institución puede solicitar una charla, sin costo, a paulruiz@fvet.edu.uy.