Una escena pesquera recurrente en las aguas de la cuenca del Río de la Plata: los pescadores tiran de la red hacia fuera del agua y decenas de peces se retuercen en ella. La mayoría son sábalos, el principal recurso pesquero de la cuenca. Miles de toneladas de esta especie se pescan cada año a lo largo de algunos de los principales ríos de la cuenca, como el Paraná, el Uruguay y el Río de La Plata. En apariencia, esos cientos de miles de pescados parecen iguales y, en efecto, pertenecen a la misma especie (Prochilodus lineatus). Pero así como los humanos, por aislamiento geográfico, configuramos poblaciones específicas con características distintivas, los peces y muchas otras formas de vida también. Un reciente estudio muestra justamente eso en los sábalos de la cuenca del Río de la Plata.

El conocimiento sobre la estructura de la población de una especie pesquera es de gran importancia para su conservación y explotación de forma inteligente y sustentable. Con esas premisas, y considerando la relevancia del sábalo como recurso, un grupo de investigadores –entre los que participaron Alejandro Márquez, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, y Alfredo Pereira, de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca– se embarcó al estudio de la variación genética de la especie y encontró la existencia de dos poblaciones en las aguas de la cuenca del Plata.

Márquez se formó en zoología de vertebrados y cuenta que siempre se interesó en los grupos poblacionales y las trayectorias históricas milenarias de las poblaciones. No siempre se dedicó a investigar animales acuáticos; su maestría fue sobre las poblaciones de ciervos de pantano, un herbívoro que vivió en el territorio de Uruguay, donde hoy, lamentablemente, está extinto. Después comenzó a trabajar con peces y, al estudiarlos, encontró el interés y la relevancia de un área de la ciencia a veces relegada o poco conocida para los ajenos al mundo de la biología de los peces y la pescadería: la genética pesquera. Allí encontró su lugar para poner su conocimiento al servicio de una actividad económica y de la conservación. Los mismos elementos hicieron que Pereira encontrara en esta rama de la genética su “huequito para iluminar” el manejo de los recursos pesqueros para que los gestores hagan gestiones más “razonables y racionales”.

“La genética pesquera se cruza con la genética de peces, pero no son necesariamente lo mismo”, dice Márquez. Explica que la genética pesquera tiene varios objetivos: “identificar poblaciones” –sobre “cuántas poblaciones está operando una pesquería”–, “identificar especies crípticas” y, como si fuera poco, abordar “cuestiones forenses”, es decir, la posibilidad de identificar especies presentes en productos procesados, como los enlatados.

Una especie emblemática

El sábalo “es una de las especies más emblemáticas de toda la cuenca del Plata”, dice Pereira. Dado que se alimenta de detritus, “aprovecha todos los recursos y hace una reconversión energética que no hace ninguna otra especie” en los lugares donde habita. “Después, el sábalo pasa a ser alimento de otras especies en la cadena trófica. Creo que si no existiera el sábalo, el ecosistema colapsaría debido a la cantidad de materia orgánica que tienen estos cursos de agua”, agrega. Además, los autores explican en la investigación que se trata de una especie que hace movimientos migratorios que responden principalmente a la reproducción y la alimentación. De acuerdo con Pereira, Uruguay exporta “casi todo” el sábalo que captura: alrededor de 5.000 toneladas por año, con destino a Colombia, Bolivia, Brasil y algunos países de África. “Es un volumen bastante importante para el país: ocupa el tercer lugar, detrás de la merluza y la corvina”, indica. Esto lo convierte en un recurso de fundamental importancia para la pesca nacional, en especial para los pescadores artesanales.

En un momento, “por su gran diversidad morfológica”, se habían identificado dos especies para las regiones baja y media de la cuenca del Río de La Plata: el Prochilodus lineatus y el Prochilodus scrofa. Sin embargo, los biólogos comentaron que luego se determinó que no existía evidencia científica suficiente para considerarlas dos especies distintas, y destacaron que uno de los resultados de este trabajo fue “desterrar de una vez por todas” esa idea que se manejaba hace mucho.

Entre los sábalos hay mucha diversidad y variación. “Algunos son más jorobados y otros tipo torpedo. La coloración va cambiando, migran por ambientes diferentes. Una cosa es el sábalo del Paraná, que tiende a tener un color más oscuro, que los que están en el Río de la Plata, en terrenos más arenosos, que son más blancos. Eso condujo a los zoólogos más clásicos, hace mucho tiempo, a pensar que había más de una especie, pero un marcador independiente de la forma, como es el ADN, mostró que en realidad hay una homogeneidad específica”, sostiene Márquez.

De la misma especie

Los autores analizaron un total de 121 muestras de tejido muscular, recolectadas en diferentes zonas del Río de la Plata y de los ríos Paraná y Uruguay. Tras varios estudios de ADN, determinaron la existencia de dos poblaciones de Prochilodus lineatus. Márquez explica que las diferencias encontradas no son suficientes para hablar de dos especies, pero que “la misma población, con el transcurso del tiempo –miles de años– se dividió; un grupo comenzó a reproducirse en un lugar, mientras que otro lo hizo en otro, con cierta fidelidad, al parecer, a los lugares de reproducción”.

Se definieron así dos poblaciones. Por un lado, una a la que los autores llamaron “población del sur”, que se concentra en el Río de La Plata y en las zonas bajas de los ríos Paraná y Uruguay. Este grupo se caracteriza por individuos “bastante más grandes”, que “probablemente se reproduzca en el Paraná medio, a la altura de la provincia argentina de Santa Fe, y para alimentación y crecimiento utilice la zona inferior del Paraná y del Uruguay, y el Río de la Plata”. El otro grupo, denominado “población del norte”, se encontró en la sección media del río Uruguay y muy relacionado con el tramo medio del Paraná (en el Uruguay se distribuye desde la represa de Salto Grande hacia el norte, incluidas las provincias de Corrientes y Misiones, en Argentina), y cumple su ciclo completo –alimentación, crecimiento y reproducción– en esa zona. Esta población tiene un volumen menor y es más vulnerable que la del sur, apuntan los autores.

Uno de los aspectos que vuelven a la población del norte más débil es la existencia de la represa de Salto Grande. “Desde hace mucho está proyectada una nueva represa justamente en la zona de reproducción, en la provincia de Misiones, lo que sería un peligro importante, incluso mayor que la pesca, para las poblaciones de especies migratorias como el sábalo”, dice Márquez. “Uno de los problemas más importantes de las especies migratorias es la disponibilidad de tramos lo suficientemente grandes para que cumplan sus ciclos de reproducción, migración, alimentación, crecimiento y volver a reproducirse. Si no tienen suficiente espacio, esas poblaciones no pueden ser viables; es lo que pasó en el río Negro”, agrega. Nuestro querido río Negro tenía poblaciones de sábalo y dorado, pero en la actualidad la situación es distinta: “Hoy no tiene ninguna especie migratoria, porque hay una represa atrás de la otra, sin esclusas para peces. Los espacios entre represas no permiten que haya poblaciones de estas especies”.

Alejandro Márquez.
Alejandro Márquez.

Las dos poblaciones de sábalo están sometidas a adaptaciones similares. “Lo que cambia es la adaptación a reproducirse en espacios diferentes, pero en sí mismos esos lugares tienen características similares”, explica Márquez, y vuelve a subrayar: “Una parte de la población comenzó a reproducirse en un lugar y a mantener ciclos reproductivos en determinada área, lo que la diferencia de otra que cumplía el ciclo en otra región”. De todas formas, los grupos de esta especie no permanecen del todo incomunicados. Si bien la represa de Salto Grande impide que la población del sur pueda subir al río Uruguay medio, los huevos y larvas de arriba bajan hacia el sur. “En algún momento se mezclan individuos de las dos poblaciones”, dice Márquez, pero agrega que “probablemente” no se reproduzcan, lo que “contribuye a que se mantengan diferenciados”. En el tono del docente próximo a llegar a un punto crucial de la clase, resume: “Tenemos esas dos poblaciones: la del sur, muy grande, menos vulnerable, y la del norte, más restringida en su distribución y más vulnerable a la generación de represas”.

Los investigadores plantean como un “resultado sorprendente” que las muestras de sábalo recolectadas en la zona media de los ríos Paraná y Uruguay “son más parecidas entre sí que a las otras muestras de sus respectivos ríos”. Dicen que esta similitud se puede explicar de dos maneras: “La primera podría respaldarse en que entre los ríos Uruguay y Paraná está el humedal Esteros del Iberá, donde desembocan las corrientes a los dos ríos”; la segunda implica contacto en algún momento histórico, pero no en la actualidad: “La conexión entre las secciones medias de los ríos ocurrió hasta hace 100.000 o 150.000 años, cuando el canal principal del río Paraná estaba cerca del Uruguay”, dice el documento.

Consecuencias para el manejo de la pesca

Los autores establecen que la identificación de las dos poblaciones implica la generación de pautas específicas para el manejo de cada una de las unidades que tenga en cuenta su “composición genética”, de manera de “evitar la pérdida de distribución de biodiversidad”, y que se consideren las “implicaciones que esta pérdida implica para el funcionamiento de los ecosistemas y la provisión de servicios ecosistémicos”. A su vez, los investigadores dan cuenta de que el sábalo enfrenta la dificultad de ser un recurso explotado no sólo por Uruguay, sino, en mayor medida aun, también por Argentina y Brasil. Estos países, según los autores “casi no tienen coordinación entre ellos”, con “la única excepción” de la sección compartida entre Argentina y Uruguay bajo la jurisdicción de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU). Aportar a la generación de políticas de gestión coordinadas entre todos los países sobre las dos poblaciones fue uno de los objetivos de los trabajadores con su trabajo, a fin de que la actividad económica se mantenga y el recurso se conserve, porque “no sólo es importante lo que pasa en el río Uruguay con la población sur, sino que también es importante lo que pasa en el Paraná”, donde hay un vacío de medidas coordinadas.

Si se comete el error de considerar que la población de sábalo tiene un determinado tamaño, sin tomar en cuenta la existencia de las dos poblaciones, y en función de ese tamaño se determina el porcentaje de extracción, explica Márquez, “se puede estar extrayendo muchísimo más porcentaje del que soportaría una de las poblaciones y, por ende, estar conduciéndola a la extinción”. “Al tener dos poblaciones diferenciadas, que viven en lugares diferentes y que cumplen su ciclo en lugares diferentes, si una se extingue no va a ser cubierta por la otra”, agrega el investigador. Entre los dos grupos de sábalo, la población que está en el río Uruguay medio y en el Paraná medio es la que corre más riesgo de extinguirse, debido a la construcción de represas hidroeléctricas y a que no recibirá aportes de la población del sur, explican los biólogos.

“En biología pesquera se diseñan modelos de evaluación para determinar el porcentaje de extracción. Entonces, si para evaluar el sábalo se toma, por ejemplo, todo el tramo del río Uruguay desde Bella Unión hasta Nueva Palmira, y se hace un modelo, va a dar un valor de captura máximo erróneo, porque está usando individuos de dos poblaciones”, explica Pereira. Por lo tanto, deberían establecerse dos modelos de medición: “Uno de la represa hacia abajo o desde el río Negro hacia abajo, y otro en el embalse propiamente dicho”, dice.

Sin desestimar la pesca

El objetivo de esta investigación está lejos de pretender detener la actividad pesquera. Al contrario, así como otras investigaciones de los autores, este estudio se enmarcó en un programa de la CARU que tiene como objetivo recolectar información para el correcto manejo pesquero. Los datos obtenidos se vuelcan a la comisión para la elaboración de pautas administrativas y manejo de los recursos, de la misma forma que suele ocurrir con estudios del mismo tipo bajo otros organismos con competencia nacional, como la Dinara, afirman Márquez y Pereira. Se elabora conocimiento “con fines de conservación”, pero a su vez para poder “aprovechar el recurso”, señalan. “Se aprovecha el recurso, pero con el conocimiento de su estructura genética, en qué áreas se distribuyen y sobre cuántas poblaciones se está pescando; todo eso asegura que se haga un buen manejo”, afirma Pereira.

El biólogo de la Dinara prosigue: “Cuando decimos ‘manejo’ nos referimos a definir las cantidades que se pueden extraer; establecer capturas máximas anuales que no se superen, para que el recurso mantenga óptimas condiciones para la reproducción; cuidar los grupos de juveniles para que aporten a las distintas generaciones y que se mantenga la población sin ser afectada”. Además, el cuidado de este recurso excede a la especie en sí misma y a la pesca industrial, algo que los autores no olvidan. “Conservar las poblaciones de sábalo permite mantener viva una cadena de tradiciones y puestos de trabajo de numerosas familias de pescadores artesanales muy modestas y vulnerables”, dice Pereira. Es más, la mayor parte de la pesca de sábalo en Uruguay está a cargo de pescadores artesanales, a quienes recurrieron nuestros investigadores para este trabajo.

Artículo: “Mitochondrial DNA variation reveals the presence of two management units in the sábalo Prochilodus lineatus (Characiformes: Prochilodontidae) from La Plata River basin”.

Publicación: Latin American Journal of Aquatic Research (2019).

Autores: Alejandro Márquez, Sofía Stareczek, María Noel Caraccio, Inés Carrera, Eugenia Errico, Alfredo Nicolás Pereira.