Por una mejor ciencia

Divulgadora argentina arremete contra el sesgo de género en la ciencia y cómo incide en la producción del conocimiento.

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¿Qué dice sobre nosotros que hayamos logrado colocar satélites en órbita casi una década antes de que apareciera el primer estudio científico serio sobre el orgasmo femenino? ¿Qué tan bien quedamos parados ante el hecho de que la mayoría de los medicamentos son probados primero en animales machos y luego en hombres blancos y occidentales, sin que importen demasiado los efectos secundarios en el cuerpo de las mujeres? Ese es el tipo de interrogantes que quedan retumbando luego de leer el libro de Agostina Mileo, comunicadora y activista argentina que en las redes reflexiona sobre ciencia y género como La Barbie Científica.

Que la ciencia te acompañe es un libro tan entretenido, ágil y disfrutable como documentado, político y movilizante. En el prólogo, Mercedes D’Alessandro, economista y autora del libro Economía feminista: cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour), sostiene que es un libro “de activismo científico y feminista” y allí radica el que tal vez sea el principal valor de la obra: Mileo, lejos de atacar a la ciencia como construcción humana, deposita en ella la tarea de producción del mejor conocimiento posible en nuestra sociedad, al punto de que señala que es “la mejor herramienta para argumentar que tenemos (y eso incluye argumentos contra el sexismo)”.

El asunto es que para hacer mejor ciencia, hay que asumir que como en toda actividad humana, la inequidad de género incide en ella. El resultado de esta inequidad no sólo implica dificultades e injusticias para las mujeres que quieran dedicarse o se dediquen a la ciencia, sino que también afectan al propio conocimiento. La autora señala que la ciencia pretende generar un conocimiento universal y objetivo “aplicable a cualquier cosa o persona en cualquier lugar del mundo” pero afirma que se topó “con grandes limitaciones para incluir en el concepto científico de humanidad a todas las otras personas que no sean varones blancos heterosexuales”, por lo que en las páginas se propone mostrarnos también cómo el sesgo de género genera peor ciencia.

Organizado en capítulos temáticos, Mileo aborda cómo la ciencia ha sido torpe y perezosa a la hora de explicar el orgasmo femenino, qué nos dice sobre el aborto y cómo brinda argumentos para luchar por su despenalización, el tabú que implica aún hoy en día hablar de menstruación (y cómo el síndrome premenstrual, SPM, es “una especie de bolsa de gato en la que metemos cualquier cambio fisiológico coincidente con algún momento del ciclo menstrual”), los horrores causados por el sesgo de género en la salud (“la probabilidad de que una mujer no reciba el tratamiento adecuado para una enfermedad cardiovascular es mucho mayor que para un hombre”, “el 80% de los medicamentos retirados del mercado estadounidense entre 1997 y 2000 fueron prohibidos a causa de los efectos secundarios de su uso en mujeres”, y mucho más), las falsas promesas de las dietas y la moda de combatir al gluten (lo llama “el enemigo público del siglo XXI” y dice que hay una “glutenfobia entre los adeptos a la alimentación saludable”), cómo la neurociencia no puede invocarse para hablar de cerebros masculinos y femeninos, la tecnología que nunca es neutra (como ejemplo, “varios estudios muestran que a las pacientes se les prescriben menos analgésicos porque se subestima su dolor”).

Los capítulos, escritos en un tono destinado al público general, son salpicados por “tips”, consejos que para la autora pueden ser útiles para que “quienes lean puedan ser críticos de lo que publican los medios sobre lo científico, pero también algunas herramientas para usar ciertos conocimientos a la hora de defender iniciativas de la agenda feminista”. Estos tips tal vez sean la parte menos lograda del libro (tampoco molestan ni son tantos) y a uno le generan cierta incomodidad por parecer artefactos propios de las revisas “para mujeres” que tanto colaboran en perpetuar el machismo y en imponer modelos de lo femenino heteronormativos y patriarcales. Salvo por ese detalle y algún argumento en cierto pasaje sobre la función evolutiva del orgasmo en el que se critican ciertas visiones de la biología evolutiva pero no se aporta una alternativa científica sobre el tema, Que la ciencia te acompañe es un libro brillante, provocador, ameno y necesario.

Que la ciencia te acompañe (a luchar por tus derechos) | Agostina Mileo. Editorial Debate.

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