Ciudad Vieja.

Vitamina C y ciencia resfriada

Ante la llegada del invierno, es bueno recordar qué dice la ciencia sobre la vitamina C y el resfrío.

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Se viene el invierno y ya se pueden ver las narices rojas entre los pliegues de las bufandas. Para muchos, esto significa que llegó el momento de empezar a tomar suplementos de vitamina C para evitar resfríos, o al menos de tenerlos a mano por las dudas. Pero ¿por qué? ¿Por qué nos aferramos tanto a la vitamina C para combatir los resfríos si los estudios muestran que los suplementos de vitamina C no previenen los resfríos ni disminuyen los síntomas? ¿De dónde sacamos esa idea?

El desliz del Nobel

La noción extendida en todo el mundo de que los suplementos de vitamina C previenen los resfríos, aunque la evidencia muestre lo contrario, es un ejemplo de lo que puede pasar cuando se combinan dos elementos peligrosos en ciencia: un sesgo personal y un nombre reconocido. Que la vitamina C tenga la fama que tiene como cura para el resfrío se debe a que su mayor promotor y difusor no fue cualquier persona, sino Linus Pauling, único científico hasta ahora en ganar dos premios Nobel no compartidos. Tranqui.

Pauling fue un químico genial que siempre estuvo en la cresta de la ola, que trabajó en la ciencia de frontera y aportó conocimiento valioso en varias disciplinas, desde la química orgánica hasta la psiquiatría, pasando por la biología molecular. El primer Nobel que recibió, en 1954, fue el de Química “por su investigación en la naturaleza de las uniones químicas”. Luego se involucró en la política e hizo una fuerte campaña en varios países contra el uso y la proliferación de armas nucleares, que le valió en 1962 el Nobel de la Paz “por su pacifismo militante durante la Guerra Fría”. Su empeño y el premio ayudaron a la firma del primer Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares en 1963.

En la década de 1960 Pauling combinó lo que sabía de química y salud, y fundó la “medicina ortomolecular”, que significa algo así como “las moléculas apropiadas en las cantidades apropiadas”. Esta aproximación ve al cuerpo exclusivamente como una maquinaria química y propone que la salud óptima se basa en mantener el balance adecuado de todas las reacciones químicas del organismo. Desde entonces Pauling se abocó al estudio del impacto de diferentes nutrientes y su potencial uso para mantener y restaurar el equilibrio bioquímico, lo que bajo esta óptica significa tratar y curar enfermedades.

Pero su interés en la vitamina C comenzó a raíz de un comentario a la pasada. En una de sus charlas, Pauling comentó que le gustaría vivir 15 años más para poder ser testigo de avances científicos que él preveía cercanos en el horizonte. Estas palabras calaron hondo en los oídos de Irwin Stone, un bioquímico que estaba trabajando con la vitamina C. Stone le escribió una extensa carta a Pauling en la que le decía que para lograr esa meta, e incluso transformar los 15 años extra en 50, debía comenzar a tomar altas dosis de vitamina C. Interesado, Pauling comenzó a familiarizarse con el tema, empezó a consumir vitamina C, se sintió mejor y más saludable, y se comprometió a pleno con las ideas de Stone. En 1969 Pauling hacía declaraciones en la prensa sobre los beneficios de consumir de uno a dos gramos diarios de vitamina C para mejorar la salud y evitar los resfríos.

Victor Helbert, nutricionista y uno de los nombres detrás del establecimiento de las dosis diarias recomendadas de vitaminas, salió al cruce exigiéndole a Pauling evidencia que apoyara las recomendaciones que le estaba haciendo al público. Pero Pauling no era de los que se amedrentan con facilidad, y en 1971 publicó el libro de divulgación científica Vitamina C y el resfriado común, en el que revisaba los trabajos científicos sobre el tema y exponía sus ideas. El libro fue un éxito. Muchos académicos criticaron el hecho de que Pauling hubiera largado sus conclusiones a la sociedad antes de que fueran discutidas y comprobadas por otros científicos, y también que varias de sus afirmaciones se basaran en estudios con serias limitaciones. Pero no importaba. El libro fue una sensación de ventas, a raíz de su publicación se generó una controversia interesante en la prensa, y millones de personas se convencieron de tomar vitamina C. La demanda de estos suplementos creció de manera impresionante, y varias compañías estaban bien dispuestas a satisfacerla. La influencia del libro atravesó fronteras y alcanzó a todo el mundo. A fin de cuentas, sonaba correcto y lo firmaba Linus Pauling, una eminencia científica; su posición invisibilizó por mucho tiempo las voces de otros investigadores, menos conocidos, que la ponían en duda.

En 1973 Pauling fundó el Instituto de Medicina Ortomolecular en Palo Alto, California, para perseguir sus ideas e investigar los beneficios de la vitamina C. El objetivo de su instituto ya contenía el resultado esperado de las investigaciones: los beneficios de la vitamina, un ejemplo del sesgo que guio esta parte de la vida de Pauling.

La evidencia

Los experimentos para comprobar si un nutriente puede protegernos del resfriado son extremadamente difíciles. Puede haber una gran variabilidad entre los participantes del estudio tanto en el nivel nutricional como en el estado de salud, por lo que se requiere un número muy alto de voluntarios; también hay que establecer controles apropiados y placebos que no se puedan distinguir de la vitamina. Eso sin contar que existen más de 200 cepas de virus capaces de generar el resfriado.

Todo esto explica en parte por qué mucha de la evidencia de esos estudios puede ser limitada y confusa. Por ejemplo, Pauling se basó fuertemente en un estudio del doctor Gerhard Ritzel (1961) que mostraba una reducción en el número y duración de los resfríos en niños que recibían suplemento de vitamina C. Pero el estudio de Ritzel fue hecho en una pequeña población de niños de los Alpes suizos, un grupo no representativo; Pauling cometió un error al extrapolar esos resultados al resto de la población. A la vez, los estudios científicos que siguieron a la campaña de Pauling a favor de la vitamina C no apoyaban su postura, aunque él nunca los reconoció.

Probablemente la evidencia más confiable acerca de los efectos de la vitamina C sobre el resfriado común vino del trabajo de los investigadores de Cochrane, una red internacional sin fines de lucro que reúne a investigadores y profesionales de la salud, dedicada a recopilar y hacer revisiones sistemáticas de investigaciones científicas para brindar información y promover la toma de decisiones informadas en cuestiones sanitarias. Desde 1998 en adelante, investigadores de Cochrane hicieron varias revisiones sobre el tema y seleccionaron los trabajos que cumplieran con todos los controles necesarios y en los que se administraban al menos dos gramos al día de vitamina C, ya sea de forma continua o como tratamiento para el resfrío. En la última revisión de 2013 se analizaron los efectos de la ingesta de vitamina C sobre el resfriado en ensayos que involucraron un total de 11.306 participantes, lo que quitó toda duda sobre la representatividad de los resultados.

Este estudio mostró que el uso diario de suplementos de vitamina C no reduce el riesgo de sufrir un resfriado en la población general. La suplementación de esta vitamina únicamente redujo de forma modesta la duración del resfrío –8% en adultos y 14% en niños–. Al considerar ese porcentaje en tiempo real, la importancia práctica es dudosa y hace difícil de justificar la suplementación a largo plazo de vitamina C. Pero atención: si la vitamina C se consume después de haber contraído el resfriado, como tratamiento, algo que es muy común y que tanto se sugiere en numerosas propagandas, no afecta la duración ni la severidad de los síntomas del resfrío.

Por lo tanto, tomar vitamina C una vez que nos resfriamos no parece ser beneficioso en ningún sentido. En los únicos casos en que los suplementos fueron beneficiosos para prevenir resfríos fue en personas sometidas a ejercicio físico extremo, como maratonistas, o en personas con deficiencias importantes de vitamina C. La población general, con una dieta más o menos equilibrada, en principio no tendría por qué consumir estos suplementos.

¿A quién hacerle caso?

Al día de hoy, estos estudios de la red Cochrane continúan siendo los datos más sólidos sobre si la suplementación o el tratamiento con vitamina C ayudan para prevenir o tratar los resfríos. Sin embargo, todavía aparecen artículos científicos que reportan tímidamente algunos beneficios de los suplementos para distintos aspectos del resfrío. Curiosamente, al mirar con atención se ve que alguno de sus autores trabaja para alguna farmacéutica que vende vitamínicos. Esto no significa que el estudio sea incorrecto per se, pero sí que son estudios para leer con la ceja levantada y atención extra, pues existe un claro conflicto de intereses.

¿Y entonces? ¿Qué hacer con todo esto ahora que empieza el invierno? La influencia del impulso de Pauling persiste, aunque en principio no hay motivos fundados para seguir su consejo. La suplementación de vitamina C en la población general no parece ser efectiva, y tampoco lo es como tratamiento una vez que uno se ha resfriado. Sin embargo, el estudio de Cochrane concluye que, a pesar de todo esto, dado que tampoco hay efectos adversos al consumir un poco de vitamina C de más (se necesitan dosis muy altas para que tenga efectos secundarios), y que su costo suele ser accesible, está en cada uno evaluar si la vitamina C le resulta beneficiosa o no a nivel individual. La noción inculcada del efecto de la vitamina C, aunque errada, es tan fuerte que ni siquiera los autores del estudio que la derriba se atreven a ser demasiado contundentes al respecto.

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