“Los restos de unos 110 millones de años de Lavocatisaurus agrioensis, como fue bautizada esta nueva especie, fueron hallados en Neuquén por un grupo de paleontólogos españoles y argentinos”, arranca el comunicado del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, de Trelew, Argentina, que informa sobre la sistematización del hallazgo de fósiles de un adulto y dos crías. Se trata de un dinosaurio de la familia de los saurópodos, esos gigantes herbívoros de cuello y cola larguísimos, y el hecho es científicamente valioso porque, además de describir a una nueva especie, es la primera vez que se encuentra en Sudamérica un cráneo de un ejemplar perteneciente a la familia de los rebaquisáuridos, fósil que permitirá estudiar mejor cómo masticaban estos animales y que aporta pistas sobre su evolución y filogenia. Todo esto consta en el artículo científico publicado en la revista Acta Paelontologica Polonica; sin embargo, de este lado del charco hay algo que no figura en el paper pero que nos llena de una extraña alegría: los paleontólogos se refieren al ejemplar adulto como “Alfredito”, en honor al músico Alfredo Zitarrosa.

Foto del artículo ''

Ciencia y milonga

El paleontólogo José Luis Caraballido es oriundo de Mar del Plata, Buenos Aires, pero la actividad paleontológica lo llevó a radicarse en Trelew, en la provincia de Chubut, hace una década. Cuando lo llamo al museo Eidio Fergulio de esa ciudad, donde los fósiles fueron preparados, atiende con una voz extremadamente serena; uno calcula que es la serenidad que se impregna en la voz de cualquier persona que acaba de describir una nueva especie de dinosaurio. “Me encanta que me haya llamado alguien de Uruguay, porque la verdad que escucho a Zitarrosa bastante seguido”, dice al intuir el motivo de la llamada.

La nueva especie de dinosaurio lleva el nombre científico de Lavocatisaurus agrioensis, denominación que de por sí es un reconocimiento tanto a una persona como a una localidad. El nombre del género es en honor a René Lavocat, investigador francés, fallecido en 2007, que describió al Rebbachisaurus, el primer representante de los rebaquisáuridos, grupo al que pertenece Alfredito. El nombre de la especie hace referencia a la localidad Agrio del Medio, donde se encontró a Alfredito. ¿Por qué entonces, con tanto homenaje, hacer mención también al oriental de voz cavernosa? Porque las excavaciones paleontológicas llevan tiempo y la música ayuda a que pase de forma más amena.

“Tanto Leonardo Salgado como yo escuchamos bastante a Zitarrosa. Canudo, nuestro colega español, lo conocía muy someramente y nunca lo había escuchado, así que en la primera campaña estuvimos casi los 15 días escuchando diferentes discos de él”, recuerda Caraballido. Al preparar el material en el campo, los paleontólogos envuelven con yeso los restos fósiles junto a la roca en la que aparecen para que el bloque pueda ser trasladado sin riesgo de que el material se rompa. Los paleontólogos argentinos llaman a ese paquete “bochón”, y Caraballido explica: “Cuando cerramos el bochón que contenía el cráneo y la mitad del cuello con yeso, lo llamamos naturalmente Alfredo, porque era lo que más habíamos estado escuchando en el campo”. El paleontólogo argentino –también autor del trabajo– Alberto Garrido coincide: “Fueron largas horas y días durante los cuales una y otra vez acompañábamos las labores con sus canciones en estos parajes de la Patagonia. Por ello, al dinosaurio le empezamos a llamar ‘Alfredito’”.

Bautismo musical

“Fueron cuatro años de campo desde 2008 para sacar los restos. Luego la preparación llevó mucho tiempo, porque son fósiles extremadamente frágiles al tiempo que la roca es muy dura. Tras un par de años de preparar el material, tarea que aún no terminamos: recién pudimos empezar a hacer comparaciones rigurosas y ver con qué animales estaba relacionado y con cuáles no”, recuerda Caraballido. Al hacer estos trabajos se convencieron de que estaban ante una nueva especie de rebaquisaurio. Más allá del nombre científico escogido, los paleontólogos querían que las melodías de Zitarrosa siguieran unidas al animal que tantas alegrías les había dado: “Cuando sacamos la nota de prensa, decidimos mantener el homenaje y decidimos que el ejemplar se llamara Alfredito”, agrega José Luis.

El gusto por Zitarrosa se lo contagió un amigo paleobotánico que le acercó un casete con el disco Guitarra negra. “El casete tenía una versión de esa canción que después nunca pude encontrar en formato digital en ningún lado”, dice Caraballido. Para sumar datos curiosos, el físico y divulgador científico Martín Monteiro agrega que en Neuquén, donde apareció Alfredito, vive la hija de Naldo Labrín, guitarrista y arreglista de Zitarrosa. Monteiro afirma: “Naldo fue justamente quien arregló una de las versiones más conocidas de Guitarra negra”. Es paradójico: José Luis logró devolver a la vida a una especie extinta de dinosaurios, pero no ha logrado encontrar aquella versión de Guitarra negra. Aunque sea para devolverle el favor del homenaje, uno se compromete a excavar en archivos propios y de amigos parar tratar de que este intercambio de ciencia y cultura de ambos lados del río siga dando frutos.

Artículo: “A New Rebbachisaurid Sauropod from the Aptian-Albian, Lower Cretaceous Rayoso Formation, Neuquén, Argentina”.

Publicación: Acta Paleontologica Polonica (2018).

Autores: J Canudo, J Carballido, A Garrido, L Salgado.

Música y fósiles

No es la primera ni la última vez que un ejemplar fósil recibe un nombre o apodo propio independiente del nombre científico. La historia del dinosaurio Alfredito tiene un antecedente mundialmente famoso: la hembra de Australopithecus afarensis más célebre del planeta lleva por nombre Lucy, pues el antropólogo Donald Johanson, que la encontró en 1974, se había pasado escuchando la canción “Lucy in the Sky with Diamonds”, de The Beatles, toda la noche previa a la excavación en la que su cráneo volvió a formar parte de nuestro mundo. En honor a Lucy, el fósil de la mujer más antigua de América del Sur fue bautizado Luzia y ya fue recuperada dos veces para la ciencia: una cuando los científicos la extrajeron de los yacimientos de Lapa Vermelha, en 1975, y otra este año, cuando la rescataron de los escombros del Museo Nacional de Brasil.