La física canadiense Donna Strickland se convirtió el martes en la primera mujer en ganar el Premio Nóbel de Física en 55 años. Nacida en Ontario en 1959, Strickland fue galardonada por la Academia de Ciencias Sueca junto a otros dos científicos –el estadounidense Arthur Ashkin y el francés Gérard Mourou– por sus trabajos con “herramientas de luz” que revolucionaron los estudios sobre rayos láser e hicieron posible múltiples aplicaciones en medicina y en procesos industriales. Strickland no solamente se transformó en la primera mujer en ganar el Nobel de Física en más de medio siglo, sino que es la tercera investigadora en recibirlo en toda la historia de los Nobel. Cuando la noticia aún recorría el planeta, el miércoles otra mujer, la estadounidense Frances Arnold, ganó el Nobel de Química junto a su compatriota George Smith y el británico Gregory Winter. En el marco de un espectro ampliamente dominado por científicos de sexo masculino –y en su mayoría caucásicos– estas dos recientes premiaciones son excepcionales.

Una injusticia de larga data

Esta situación de inequidad histórica fue abordada la semana pasada en un artículo publicado por la periodista especializada en ciencias Elizabeth Gibney en la revista Nature, titulado “Lo que se está haciendo y lo que no para fomentar la diversidad en los Premios Nobel”. Allí la autora afirma que el desequilibrio de género en la premiación de los Nobel está siendo objeto de crecientes críticas, muchas de las cuales están dirigidas hacia los comités que seleccionan y otorgan los galardones. En la historia de los premios, las mujeres han ganado sólo 3% de los premios de ciencia, y la mayoría abrumadora de premios ha ido a científicos oriundos de naciones occidentales.

A modo de negar la realidad, hay quienes, según la autora del artículo, argumentan que simplemente los premios tienden a reconocer el trabajo de una época en que la representación de las mujeres y los investigadores no occidentales en la ciencia era incluso más baja que en la actualidad. Sin embargo, la realidad es un poco más obstinada y los estudios muestran repetidamente que los sesgos sistémicos permanecen en las ciencias, y el lento ritmo de progreso fue especialmente evidente en 2017, cuando por segundo año consecutivo no hubo mujeres laureadas.

Hace aproximadamente dos años, los comités supervisados por la Real Academia de Ciencias de Suecia comenzaron a aumentar deliberadamente el número de mujeres elegibles para otorgar nominaciones. Göran Hansson, secretario general de la Real Academia de Ciencias de Suecia, estima que, de los aproximadamente 500 científicos que cada comité elige, la representación de las mujeres se ha duplicado a un promedio de alrededor del 25%, cifra que condice con la representación de las mujeres en las premiaciones de Nobel de ciencia de este año. Pero según el artículo de Gibney, esto supone un cambio menor, ya que cada comité selecciona sólo a una pequeña porción de los nominadores.

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El premio en fisiología y medicina es uno de los que tienen un registro menos inequitativo, ya que las mujeres representan 21% de los galardonados en la década pasada.

Por su parte, Curt Rice, presidente de la Universidad Metropolitana de Oslo y jefe del Comité de Noruega sobre el Balance de Género y la Diversidad en la Investigación, afirmó que que si los premios Nobel no comienzan a reconocer mejor el trabajo de las mujeres, su reputación comenzará a verse perjudicada. Rice incluso indicó que aumentar la cantidad de mujeres entre los nominadores “es positivo, pero es poco probable que cause demasiado impacto, ya que muchos estudios han demostrado que, cuando son educados con los mismos sesgos culturales, ambos géneros tienden a favorecer a los hombres”.

Repercusiones en casa

Cecilia Stari, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Física, dijo a la diaria que la distinción a la canadiense Strickland “no sólo fue muy relevante, sino que fue tema de comentario entre colegas y además explotó en las redes sociales, sobre todo entre las mujeres que llevan la bandera sobre esta cuestión, particularmente en América Latina”. Stari agregó que “además de la importancia de la investigación que llevó a que obtuviera el Nobel, valoraron que también da visibilidad a las mujeres que hacen ciencia”. Para Stari, “el tema de que sean pocas las mujeres premiadas en el área no sorprende, sino que refleja la situación de la mujer en cuanto a su acceso a cargos académicos en general. Desde la Sociedad Uruguaya de Física y también desde los institutos estamos empezando a meternos con el tema”.

Stari, que junto a colegas hizo un estudio sobre las mujeres en los institutos de física de nuestro país, dijo que “realmente hay un problema” y que “la falta de mujeres en estas áreas es un tema mundial”, encontrándose la mayor inequidad en las áreas de física y matemática. “Algo de lo que se está tomando conciencia, y a lo que se está dando mayor importancia, es que nuestro trabajo como investigadores e investigadoras consiste también en publicar y llevar a congresos internacionales nuestros resultados. Y es muy frecuente que en estos congresos el porcentaje de mujeres a quienes se les da la oportunidad de participar en las charlas invitadas, que son las más importantes, es mucho menor que el de hombres”, afirma Stari, y dice que es una realidad que se está tratando de cambiar. La investigadora además señaló que le parece relevante hablar sobre la invisibilización de la mujeres en su área de trabajo porque, si bien es real que el porcentaje de hombres es mayor desde el inicio de las carreras, “hay mujeres haciendo investigaciones importantes y hay mujeres liderando grupos de investigación de primera línea”. Para Stari, en los ámbitos científicos “se está empezando a tomar conciencia de que los temas de género tienen que ser tenidos en cuenta”. La academia sueca parece haber tomado nota, aunque está aún muy lejos de alcanzar la equidad.

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